En el siglo XVIII surgió entre la burguesía europea un movimiento intelectual que acabará influyendo en el pensamiento político, científico, filosófico y social: la Ilustración.
Algo demasiado complejo y con muchas implicaciones para tratar de resumirlo en un par de líneas, además de que en cada país tuvo sus propios elementos diferenciadores, pero sin equivocarnos mucho podríamos afirmar que los ilustrados españoles emprendieron o pretendieron hacerlo, una profunda renovación del país entonces todavía una potencia pero ya en franca decadencia. En esa época surgen, por ejemplo, las Reales Academias de la Lengua o de la Historia, el Real Gabinete de la Historia Natural, pero también otras iniciativas como las sociedades económicas de amigos del país, unas asociaciones de personalidades notables que en un ámbito geográfico concreto, pretendían difundir y aplicar esas ideas ilustradas para reformar el país desde las bases, es decir, desde el pueblo, y para eso emprendieron una serie de actividades formativas que pretendían instruir a los ciudadanos sin recursos para que fomentasen su propia economía individual, familiar y comunal.
En
Soria, como casi todo, esta iniciativa tardó en llegar y no fue hasta 1777
cuando, con el visto bueno de las autoridades, la iniciativa salió adelante, si
bien no fue hasta el día de hoy de ese año cuando el rey Carlos III firmó la
real cédula que autoriza la fundación de la “Sociedad Económica Numantina de
Amigos del País de Soria y su Provincia”.
Además
de promover el desarrollo económico de Soria basado sobre todo en la industria
textil, la Sociedad promovió campañas de vacunación en algunos pueblos, obras
públicas, como el paseo del Mirón que proporcionaba asueto a los vecinos y jornales
a los trabajadores que los necesitaban, dotó de fuentes públicas a las
poblaciones, como las de los Leones en su emplazamiento original de la plaza
Bernardo Robles, desarrolló la educación y la formación tratando de incorporar
los nuevos avances técnicos agrícolas... Muchas de sus iniciativas se
desarrollaron en el antiguo Colegio de Jesuitas (hoy instituto Antonio Machado)
que el rey les concedió, pero también establecieron escuelas y talles de
formación en los pueblos más grandes de la entonces provincia de Soria como
Alfaro, Arnedo, Calahorra… Allá donde se asentaban trataban de erradicar la
pobreza debida a la pereza, convirtiendo su lema “el ocioso para nadie es
provechoso” en toda una declaración de intenciones.
La
Sociedad contó con poco apoyo institucional y aun de las clases privilegiadas,
por lo que no pudo desarrollarse tal y como se esperaba. Algunos emprendedores
lo dieron todo pero la escasa respuesta de los beneficiarios y la Guerra de la
Independencia dieron al traste con una iniciativa pionera y aún hoy escasamente
reconocida.
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Calle Económica en 2006, único reconocimiento público en Soria a esta Sociedad en la calle donde tuvo su sede. Imagen: Alberto Arribas Hernández. |
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