Como ya nos hemos referido en alguna ocasión, hasta mediados del siglo XIX cada vez que se celebraba un festejo taurino en la ciudad con motivo de fiestas locales, celebraciones, coronaciones de monarcas o motivos semejantes, había que montar y desmontar una estructura de madera que permitiera desarrollar el festejo con seguridad, y ese trámite costaba un dinero perdido en personal y material, por lo que en 1850 se decidió construir una plaza de toros estable en el antiguo emplazamiento de la iglesia y monasterio de frailes benitos que se había arruinado al final de la Guerra de la Independencia.
¿El
problema? El mismo de siempre, la financiación, pues el Ayuntamiento no tenía
los cuarenta mil reales en los que se había presupuestado la obra, así que,
tras estudiar las diferentes propuestas, en el día de hoy el alcalde Francisco
Redondo dio el visto bueno a la idea de construir una plaza de toros en un
solar de propiedad municipal cuya obra sería financiada a través de una sociedad
con un capital de cuarenta mil reales y formada por cuatrocientos accionistas
que ganarían un cincuenta por ciento de lo invertido. Los beneficios de las
corridas serían para los accionistas, a excepción de los actos taurinos de los
sanjuanes que tenían carácter gratuito.
Visto
con la mentalidad actual, la solución puede parecernos un tanto irregular pero
en aquella época soluciones de este tipo, sorteos, rifas de un cordero o
corridas de toros para financiar proyectos públicos eran organizados frecuentemente
por el Ayuntamiento de la capital para sufragar algunas obras públicas.
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Postal de la plaza de toros de Soria en 1903. Fotografía de la Viuda de Casado e Hijo, edición de V. Sobrino. |
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