En su día ya hablamos del incidente ocurrido en febrero de 1952 cuando un incendio destruyó el retablo mayor de la soriana iglesia de Nuestra Señora del Espino quemándose también la imagen titular del templo, una imagen a la que la ciudad le tenía una gran devoción ya que era la patrona de la ciudad desde 1690.
Una
de las leyendas que explicaban el origen de la imagen afirmaba que era anterior
a la conquista musulmana aunque el análisis estilístico estima que aquella
talla sería de finales del siglo XIV o principios del XV. Era una imagen
"morena" que representaba a la Virgen sedente con el Niño sobre su
pierna izquierda y una bola en la derecha.
Tras
el incendio se decidió retirar lo que quedaba del retablo, una importantísima
pieza barroca realizada por el artista Antonio Tagle, porque estaba muy
deteriorado, y se decidió dejar exenta la capilla mayor para que se viese la
piedra. La imagen se carbonizó y no pudo ser restaurada, y ante esta situación,
con 19.000 pesetas (unos 115 euros) donadas por los fieles sorianos, se encargó
otra imagen al escultor Félix Frutos. El que fue párroco de la iglesia, don
Teógenes (que era su nombre real por mucho que algunos se empeñaban en llamarle
a sus espaldas “don Tejódenes”), afirmaba que la imagen actual está hueca y que
en su interior guarda cenizas de la original.
Finalmente,
el 8 de diciembre de 1953 y tras una procesión por las principales calles de la
ciudad, se procedió a la bendición y colocación de la nueva imagen en el
camarín de la iglesia de El Espino donde persiste.
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Estampa-recordatorio de la bendición de la imagen de la Virgen del Espino, colección particular. |
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