viernes, 14 de agosto de 2020

15/08/1936: La masacre de Badajoz.

En este sección nos gusta rememorar gloriosas victorias o actos heroicos llevados a cabo por sorianos, cuya memoria recordamos con orgullo, pero en la historia también ha habido personajes cuyas actuaciones y recuerdo nos avergüenzan, y, aunque nos gustaría no tener que hacerlo, no podemos ni debemos olvidarlos, pese a la controversia que generan.

En la noche del 14 al 15 de agosto, el teniente coronel sublevado Juan Yagüe Blanco, natural de San Leonardo, en su calidad de responsable al mando de las unidades militares que tomaron por la fuerza la ciudad de Badajoz, fue responsable directo por dar la orden, o indirecto por permitirla, de una de las tragedias más importantes cometidas en la Guerra Civil, el asesinato de unas dos mil personas en la plaza de toros de Badajoz, el cinco por cierto de la población, en su mayor parte humildes campesinos sin formación, simpatizantes de la causa obrera que les prometía pan, pero también había concejales de pueblo, sindicalistas, maestros, afiliados a partidos de izquierdas o simplemente sospechosos de serlo. Nunca se sabrá el número definitivo de víctimas pues, aunque algunas fuentes basadas en testimonios de periodistas extranjeros, elevan esa cifra incluso a cuatro mil, otras han apuntado que ¡qué barbaridad, que no fueran tantas! y las han rebajado a “sólo” unas 1.200 las asesinadas, eso sin incluir a los que cayeron durante el combate en la toma de la ciudad. Los responsables de aquella matanza declararon que actuaron por venganza pues, tras el Alzamiento del 18 de julio, sectores afines a la República habían torturado y asesinado en Badajoz a varias personas por su condición religiosa o por ser simpatizantes de los sublevados, aunque al final y conscientes de la barbaridad, fueron muchos los que se retractaron y simplemente acabaron negando la tragedia.

De no haber testigos, la matanza probablemente habría sido negada y calificada como un suicidio colectivo o un accidente pero, al ser dada a conocer en el extranjero por periodistas internacionales, el suceso causó el disgusto de los generales sublevados (Franco entonces todavía no había sido aclamado generalísimo), no tanto por las víctimas sino por la mala impresión que les causó a esa imagen que ofrecían de salvapatrias, por lo que parece que dispusieron el cese de actuaciones semejantes que pudieran tener gran trascendencia mediática.

Respecto al papel de Yagüe, es cierto que no se ha encontrado una evidencia física y objetiva de haber dado la fatal orden, aunque hay que recordar que este personaje afín a las tesis más duras del Nazismo, calificaba a Franco de débil y pusilánime por lo que una decisión como aquella tampoco sería de extrañar. Pero, en cualquier caso y aunque Yagüe no la hubiera dado, igualmente seguiría siendo el responsable de la tropa que la cometió.

Desgraciadamente aquella no fue la única ni la última matanza de la Guerra Civil pues habría más, como las de Paracuellos del Jarama o las de la Cárcel Modelo de Madrid, y que se quedarían empequeñecidas al estallar la Segunda Guerra Mundial en la que todos los integrantes de la contienda cometieron matanzas indiscriminadas

Hitler a la izquierda frente a Yagüe, con gafas.
Imagen de Asociación Recuerdo y Dignidad,
tomada de 
badajozylaguerraincivil.blogspot.com

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