San Juan de Duero estuvo ocupado por los frailes sanjuanistas hasta mediados del siglo XVIII cuando sus escasos monjes se quejaban de que el monasterio era pobre y las instalaciones se estaban arruinando por lo que sin tener una fecha exacta, suponemos que se abandonaría por aquel entonces, siendo empleado durante más o menos un siglo para otros usos mucho más prácticos como cuadra o almacén, que era el uso que tenía cuando Gustavo Adolfo Bécquer inició una campaña destinada a evitar su desaparición. Gracias a la labor del poeta y de otros intelectuales como Eduardo Saavedra, el antiguo monasterio se libró in extremis de ser subastado y fue declarado Monumento Nacional en 1882, lo que ya evitó definitivamente la piqueta y su desaparición, aunque la restauración aún tardaría algunos años.
Sin embargo, los que nos desenvolvemos
un poco en el ámbito del patrimonio artístico, sabemos que no basta con una
rimbombante declaración formal y una buena restauración pues, a costa de ver
muchos ejemplos lamentables, hemos aprendido que para evitar que un edificio
valioso desaparezca es fundamental darle contenido o una utilidad.
En el caso de San Juan de Duero esa
utilidad tardó en encontrarse pero cuando ya finalizaron las obras de
recuperación y consolidación, las autoridades culturales de la provincia
reunidas en torno a la Comisión Provincial de Monumento trataron de buscarle
una finalidad. El primero en hacer una propuesta firme fue José Tudela que
consideró sería un lugar muy adecuado para albergar la interesante colección
epigráfica romana que había disponible en Soria y que no paraba de crecer, algo
que contó con la oposición del abad Gómez Santacruz que pretendía dedicar la
iglesia al culto pues ese había sido su uso original. Finalmente se aceptó la
idea de Tudela y las primeras lápidas se instalaron allí el 24 de julio de
1923, dando así origen a los arcos como el espacio museístico que hoy sigue
siendo. Allí se expusieron lápidas y mosaicos romanos hasta bien entrada la
década de 1970, y hoy es sede actual de la Sección medieval del Museo
Numantino.
Imagen de autor no conocido de los claustros de San Juan de Duero parcialmente arruinados, fechada c. 1905. Col. particular. |
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