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martes, 8 de noviembre de 2016

09/11/1980 ~ El santero de San Saturio en televisión.

Ocho años antes se había cargo del puesto de santero de la ermita de San Saturio Pablo Raposo Casasses, un tipo simpático y locuaz pero un tanto peculiar o claramente excéntrico que hasta entonces había sido santero de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Noviercas y cuyo paso por Soria no dejó indiferente a nadie en estos ocho años.

Republicano convencido y luchador por ese bando durante la Guerra Civil, no ocultaba sus simpatías por el Partido Comunista de España al menos desde que se legalizó, llegando a ser uno de los promotores del PCE en la capital y asiduo cliente del bar que instaló el partido en la calle Campo y al que regaló un televisor. Los sorianos perdonaban sus extravagancias pues le apreciaban pero no entendían alguna de sus extrañas costumbres como las de disponer de cuatro motos, una para cada estación del año y que estaban pintadas de colores a juego con sus impermeables, o la de espantar a perdigonazos las parejas de novios que acudían a hacerse arrumacos en los alrededores de la ermita. Buen conversador y de carácter sociable, sabía relacionarse y engatusar a los sorianos y a los turistas que aún le recuerdan con simpatía.

Su pasó por la ermita coincidió con la polémica de la Variante Sur lo que atrajo hasta Soria a muchos visitantes que querían conocer el problema in situ, amén de buena parte de la clase política, cultural y periodística de España que se opusieron al proyecto y que conocieron a Pablo, quien se alardeaba de su amistad con Alfonso Guerra, con Paco de Lucía o con Francisco Umbral. Nuestro protagonista de hoy fue el último santero tradicional que vivió en la ermita y que subsistía sin sueldo gracias a lo que los sorianos le regalaban cada lunes cuando salía de la ermita para pedir limosna por las calles de la ciudad. Aunque se hacía llamar hermano Pablo o fray Pablo y vestía hábito y sayal como alguno de sus predecesores, ni era fraile ni tomó votos pero cumplía a la perfección con sus labores en la ermita por lo que sus jefes, el Cabildo de San Pedro, le permitían llevar ese estilo de vida un tanto hetedoroxo para lo que se esperaba de un santero.

Como ya hemos apuntado los sorianos le perdonaban todo, o casi todo, pues pese a sus extravagancias era un tipo simpático, tanto que el 9 de noviembre de 1980 y en el popular programa de televisión Fantástico 80, el santero de San Saturio Pablo Raposo Cassasses fue entrevistado por José María Íñigo -con permiso de don Carmelo, capellán de la ermita- en un programa que veían millones de personas y en el que se entrevistaba a gente extravagante, lo que ahora la gente joven calificaría como freaky, en el que el simpático santero hizo comentarios personales y dijo cosas que los sorianos de la época entendieron como críticas feroces y comentarios fuera de lugar, aunque quizá lo que peor se toleró en aquella Soria tan chovinista fue que se despidiera gritando un “Visca Catalunya”.

Desde ese momento la entrevista al ya no tan simpático santero fue el único tema de conversación en la ciudad durante días pues la mayor parte de los sorianos se quejaron de la imagen que había dado el santero argumentando que les había dejado en ridículo. Las críticas fueron tan duras que el pobre hombre se vio obligado a pedir disculpas, pero no fue suficiente y de una forma muy poco cortés el Ayuntamiento influenciado por la opinión pública presiono al Cabildo para que le cesara y Pablo Raposo fue despedido de la ermita con malas formas.

Poco más se sabe de él. Tras el incidente volvió a su Barcelona natal donde dicen que acabó sus días en una residencia de ancianos, amargado y trastornado por aquellos comentarios y que vistos con la objetividad que da el tiempo, hoy no merecerían ni de lejos el trato que se le dio. Quizá el problema no fue que dijera inconveniencias, más bien puede ser que dijera lo que no queríamos o no estábamos preparados para escuchar.
 
El santero Pablo Raposo en el hueco de la cueva donde acostumbraba a pedir limosna. Foto de Manuel Lafuente Caloto en Revista de Soria (1974).

martes, 13 de septiembre de 2016

14/09/1812 ~ Retirada de la tropa francesa que Durán entendió como posible engaño.

Hace un mes recordábamos como las tropas de Durán se dedicaban a hostigar continuamente a los franceses mediante pequeños ataques a sus suministros y mensajeros, estrategia que resultó las más adecuada hasta la que la previsible debilidad del enemigo les permitiera derrotarles en un ataque frontal.

A primeros de septiembre Durán regresó de La Rioja hasta Soria con la intención de tomar definitivamente la capital e instaló su cuartel general en Villaverde del Monte donde tuvo conocimiento de la inminente llegada de una columna francesa hacia Soria, por lo que decidió alterar sus planes en espera de que estos refuerzos les atacasen e instaló un punto de vigilancia en la Sierra de San Marcos para poder observar los movimientos de tropa.

El día 13 de septiembre Durán supo que los refuerzos franceses habían llegado a la capital y preparó sus hombres pues temía un inminente ataque, pero la misión de aquella columna no era la de atacarles sino la de recoger a la guarnición francesa que quedaba en el castillo de Soria. Entre las 2 y las 3 de la madrugada del 13 al 14 de septiembre y con gran sigilo para no ser vistos, las tropas francesas abandonan definitivamente la ciudad de Soria permitiendo la liberación de la plaza para los españoles sin haber disparado un solo tiro.

Después de tres años, nueve meses y veinticinco días de ocupación, los hombres de Durán fueron recibidos como héroes, pero el militar pensaba que la maniobra francesa era una trampa y que volverían por lo que urgió a los sorianos a destruir el castillo, la muralla y todo aquel edificio que fuese susceptible de convertirse en un fuerte si los franceses regresaban. En otro momento hablaremos de esta lamentable decisión que nos privó de una serie de edificios únicos de la capital pero que no podemos dejar de entender dentro de la estrategia militar de ese momento.


Retrato del mariscal José Joaquín Durán Sánchez-Gómez y Barzábal. De un artículo de Jesús Dolado y Eduardo Robles en Revista de Soria nº 77 (2012) página 54.

viernes, 20 de mayo de 2016

Manuel Lafuente Caloto

20/05/2009: La efeméride de hoy es de fecha muy reciente. Pero creemos que ya nos toca honrar la memoria de un hombre bueno, pues esa única palabra es la que mejor define a Manuel Lafuente Caloto que murió un veinte de mayo de hace siete años.

Nuestro personaje de hoy nació un 6 de abril de 1930 en la plaza del Olivo. Trabajó en una hojalatería de la plaza Mayor, después fue encuadernador, funcionario de Telégrafos y desde 1971 de la Diputación en cuyo departamento de Cultura comenzó a trabajar en 1979 hasta su jubilación como coordinador del mismo.

Aficionado a la fotografía, su primer contacto lo tuvo en un grupo juvenil del Frente de Juventudes ampliando su formación mediante cursos a distancia que perfeccionó con su cámara Fowel. Pasó luego a la Diputación donde desarrolló varias actividades destacando en la de organizador de sus actividades culturales.

Su pasión por la fotografía le hizo fundar en 1966 la Sociedad Fotográfica Alto Duero con el objetivo de compartir su afición pero también por puro sentido práctico pues así evitaba emplear el cuarto de baño de su casa como laboratorio y hacer enfadar a Miren, su esposa. En aquel piso del Collado Caloto enseñó a toda una generación de fotógrafos los secretos del arte, de la composición, del revelado y, sobre todo lo más importante, a saber mirar. Transmitiendo, además de su saber, su pasión por reflejar para siempre los rincones de aquella Soria de los sesenta y setenta.

También fue socio de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, socio de honor de la Federación Fotográfica de Castilla y León y de las sociedades de Guipúzcoa, Valencia y Zaragoza. En 1994 recibió un homenaje nacional por la Confederación Española de Fotografía, en 2005 el Premio Nacional de Fotografía otorgado por la Confederación Española de Fotografía y por la Federación Andorrana. Organizó muchas exposiciones particulares e innumerables colectivas. Autor de cinco libros de fotografía publicó su trabajo en multitud de libros y revistas, pero particularmente en la ‘Revista de Soria’ de la Diputación Provincial.

Poco antes de morir Caloto nos hizo un regalo impagable. Donó todo su fondo fotográfico compuesto por más de cincuenta mil fotografías, la mayor parte de temática soriana, al Archivo Histórico Provincial de Soria donde sigue siendo inventariado y dado a conocer para deleite y disfrute de todos los sorianos.

Caloto y Miren no tuvieron hijos pero en cierto modo, muchos de los sorianos que cuelgan cada día sus fotos en el Facebook deben considerarse hijos suyos. Nunca lo hemos hecho pero hoy sí. Nos gustaría pedir a todos aquellos que se consideran fotógrafos o que adoran las fotografías antiguas, que compartan o mencionen en sus muros la memoria de este hombre bueno.
 

Manuel Lafuente Caloto en la portada de la ‘Revista de Soria’ nº 68, (2010) dedicada a su memoria.