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viernes, 29 de julio de 2016

31/07/1223 ~ La ayuda que permitió finalizar las obras del refectorio del monasterio de Santa María de Huerta

Don Rodrigo Jiménez de Rada era entonces, a sus 53 años de edad, arzobispo de Toledo, historiador, diplomático… Uno de los hombres más poderosos de Castilla que, desde esta importante posición económica y social, el 31 de julio de 1223 decidió donar al monasterio de Santa María de Huerta, en el que pedía ser enterrado, los lugares de Bliecos, Boñices, Alentisque y Taroda con sus palacios.

Con el dinero de esa donación los frailes pudieron culminar las obras de construcción del refectorio que en esta fase parece que fueron terminadas por un maestro cantero del norte de Francia o de la Borgoña, quizá también artífice de otras obras en el monasterio burgalés de Las Huelgas y en las catedrales de Cuenca y Sigüenza, y que probablemente construyó entonces la cocina anexa.

El refectorio de Huerta es una sala muy conocida pues ha sido empleada como estudio cinematográfico de varias producciones cinematográficas de carácter histórico y a su lado se encuentra la no menos meritoria cocina que nos hace viajar en el tiempo e imaginarnos los monjes medievales entre pucheros.

Si alguien no lo conoce una visita a Santa María de Huerta no es que sea recomendable, es que es obligatoria para cualquier persona que se precie de que le interesa el Arte y la Historia.


Refectorio del monasterio de Santa María de Huerta (Soria).

jueves, 28 de abril de 2016

28/04/1168: Las relaciones entre los obispos y los abades de los  monasterios no han sido precisamente fáciles a lo largo de la historia; por lo que hay que destacar la buena relación que hubo entre el obispo de Osma don Juan y el abad de Santa María de Huerta y futuro santo fray Martín de Finojosa.
En el día de hoy de 1168, el obispo le donó al abad sus derechos episcopales en la localidad de Boñices, autorizándoles a construir una iglesia parroquial regentada por los monjes pero sin permiso para establecer allí abadía ni priorato sin su consentimiento. A cambio de la donación, los de Huerta pagarían todos los años el día de Todos los Santos, 1 de noviembre, la cantidad de un maravedí con destino al refectorio de la catedral.

Desconocemos si el maravedí se sigue pagando o su equivalencia actual en euros, pero no estaría de más que la costumbre se mantuviera como la vida en las calles de Boñices pues hoy se trata de un despoblado, lo que no significa que esté abandonado.

Boñices fue uno de los lugares reflejados por Benito Pérez Galdós en su novela soriana “El Caballero Encantado” quien suele ofrecer datos que parece que tomó del diccionario de Madoz aunque en este caso ambos autores difieran al tratar de Boñices. De este pueblo –en el que nunca estuvo– Galdós dice cosas como que "… se llama Boñices, que a poco que se resbale la lengua la llamaríamos Boñigas: tal es su insignificancia y humildad. Los niños descalzos y andrajosos, las mujeres escuálidas y con ropa remendada... desdichadas personas".
Más tarde explica que todo el pueblo está rodeado de agua estancada que produce enfermedad...
Sin embargo, y pese a estas críticas recibidas, en el desarrollo de la novela el lector no puede dejar de sentir cierta simpatía por la humildad y bondad de las gentes de este pueblo.


Interior de la iglesia de Boñices (Soria).

Autor fotografía: José Antona.