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martes, 3 de noviembre de 2020

03/11/1822: El cementerio de San Francisco.

En alguna ocasión ya hemos hablado de las dificultades que hubo en todo el país cuando se dispuso la prohibición de enterrar en el interior de las iglesias, así como de los problemas que hubo para que los ayuntamientos eligieran un lugar para camposanto que fuera del gusto de la mayoría.

En Soria se eligió un terreno en el atrio de la iglesia de El Espino, pero resultaba insuficiente y, hacia 1818, se habilitaron espacios en otros emplazamientos de la ciudad, y en el entorno de las iglesias destruidas como la de Nuestra Señora de Barnuevo o el monasterio de San Benito, donde todavía no se había previsto construir la plaza de toros, pero este no se consideraba un lugar adecuado al estar elevado, cerca de campo del Ferial y ser su suelo demasiado duro para cavar. Por ello se eligió otro lugar en la zona del prado del convento de San Francisco -todavía habitado por frailes franciscanos y que cedieron el solar-, siendo cercado a cargo de las arcas municipales y bendecido solemnemente el 3 de noviembre de 1822.

Las tasas a pagar por cada entierro se fijaron en seis reales por cada sepultura excavada para adultos y cuatro por la de niños. El primer enterramiento fue el del niño Pedro García de la Peña, de tres meses y medio de edad y vecino de la parroquia de Santo Tomé, quince días después de ser bendecido el cementerio.

El camposanto se empleó durante unos diez años, y después, por causas desconocidas pero parece que relacionadas con el cambio de opinión de los frailes, dejó de utilizarse salvo algún enterramiento esporádico.

El lugar conocido como prado de San Francisco es un espacio un tanto indeterminado, pero la realización de obras en ese lugar, que incluimos en la fotografía de abajo, ha permitido desenterrar algunos huesos, lo que nos hace pensar que el cementerio estuviera por esa zona.

Lado exterior de la capilla sur de la iglesia de San Francisco,
comienzo de la ronda de Eloy Sanz Villa, en 2007.


 

viernes, 28 de agosto de 2020

29/08/1806: Creación del primer cementerio de El Espino.

Las nuevas disposiciones de Salud Pública emitidas por la corona a comienzos del siglo XIX disponían la obligatoriedad de enterrar los muertos en cementerios en lugar de hacerlo en el interior de los templos, pero ni el pueblo ni las autoridades locales parecían admitir esa disposición que les condenaba a ser enterrados fuera de un recinto sagrado y alejado de los restos de sus ancestros pues en aquellos años el sentido de propiedad de parroquiano y en particular, del lugar de enterramiento familiar, se consideraba casi propiedad privada. Sin embargo la normativa era cada vez más insistente y las autoridades locales, en este caso la del Ayuntamiento de Soria, tuvieron que acatar la orden y en la correspondiente sesión concejil de 29 de agosto de 1806 determinaron que el lugar más conveniente para construir un cementerio público en la ciudad sería la zona del atrio del Espino, más o menos donde ahora se encuentra el Olmo seco.

Las obras, el vallado y poco más, empezaron despacio y terminaron en un año, inaugurándose la primera inhumación en septiembre del año siguiente cuando allí fue enterrado un tal Lucas Martín parroquiano de San Pedro. Sin embargo la mayor parte de las personas seguían resistiéndose a acatar la orden y seguían produciéndose muchos más enterramientos dentro de los templos que en el cementerio, una situación que se alargó algunos años

Atrio de la iglesia de El Espino hacia 1916. 
Foto del "Portfolio fotográfico de España: Soria" editado por Alberto Martín (Barcelona).



jueves, 6 de febrero de 2020

06/02/1686: Ajuste del contrato para la construcción del retablo mayor de El Espino.

En el último cuarto del siglo XVII, la iglesia de Nuestra Señora del Espino disponía de un retablo mayor pero, argumentando que era antiguo y estaba en mal estado de conservación, los responsables de la parroquia iniciaron los trámites para la construcción de un nuevo retablo "a lo moderno", como dicen los documentos. Tras el correspondiente proceso, tal día como hoy de 1686 los maestros Antonio de Tagle y Nicolás Echeverri presentaron el proyecto que, finalmente, fue el aceptado con un presupuesto de catorce mil reales.


            Aquel fue, en palabras de Javier Herrero y Joaquina Gutiérrez, "…el retablo barroco más espectacular y de mayores dimensiones que podría haber tenido la ciudad de Soria", un retablo monumental de grandes proporciones y tipo cascarón, con planta ochavada, que se adaptaba a la disposición arquitectónica de la capilla mayor. Estaba realizado en madera de pino de Vinuesa sobredorada y policromada. Constaba de sotabanco, pedestal, cuerpo único tetrástilo y ático en forma de casquete agallonado con nervios. El cuerpo principal se dividía en tres calles, articuladas mediante seis columnas. La calle central estaba presidida por la imagen de la Virgen del Espino, patrona de la ciudad y objeto de gran devoción. Dicha imagen fue esculpida a finales del siglo XIV y reconvertida después en imagen de vestir. Su hornacina estaba flanqueada por dos columnas, una a cada lado, y en las calles laterales se disponían dos hornacinas de arco de medio punto ocupadas por ¿San Agustín? y San Blas. El ático, adaptado a la forma del ábside, llevaba en el centro un gran nicho con la imagen de una santa.

            Pero, si hablamos en pasado de este conjunto monumental de arte es porque, ya no podemos contemplarlo. Un incendio, que aconteció en 1952, nos privó de ello y, por tanto, de la imagen original de la Virgen del Espino.

Imagen del retablo antes del incendio recogida en el nº 14 de la Revista de Soria primera época (1971) de autor anónimo.