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viernes, 12 de junio de 2020

12/06/1922: Pedro Poveda Castroverde, santo y mártir.


Hace 98 años el sacerdote jiennense Pedro Poveda Castroverde tomó posesión por poderes del cargo de canónigo arcipreste de la catedral de Osma, un cargo oficial que no tuvo mucho tiempo de desarrollar en la diócesis soriana pues sus múltiples obligaciones le obligaban a permanecer en Madrid donde desarrollaba tareas pastorales y educativas entre los niños pobres y marginados, aplicando unos métodos pedagógicos que en su época fueron considerados innovadores, y poniendo en marcha iniciativas como una Academia Femenina que formó también a mujeres en el campo del Magisterio, o la Hermandad del Refugio donde atendía a pobres y huérfanos.

      En 1924 decidió fundar la Institución Teresiana para lograr sus objetivos, ya tan reconocidos que pocos meses después fueron avalados por el Vaticano que aprobó esa fundación a perpetuidad, y como canónigo de Osma, aún sacó hueco en 1926 para representar al Cabildo Oxomense en la Asamblea Nacional del Clero y ejercer como Capellán Real, cargo que ejercía el 28 de julio de 1936 cuando fue detenido y fusilado por su condición sacerdotal.
      En 1955 se abrió la causa de su beatificación, que fue enviada a Roma tres años después, siendo beatificado en 1993 y canonizado por Juan Pablo II en 2003.
Fuente foto: catholikblog.blogspot.com


domingo, 22 de marzo de 2020

22/03/1553: Sobre la propiedad de la ermita de San Saturio.


Aunque la administración religiosa de los templos religiosos corresponda a la Iglesia y la titularidad en la mayor parte de los casos también, existen muchas pequeñas capillitas o ermitas cuya devoción está tan extendida que, sobre todo, pertenece a los fieles y devotos que a lo largo de los siglos las han construido y mantenido con sus limosnas o su esfuerzo personal. Algo así ocurre con la propiedad de la ermita de San Saturio, un templo construido y mantenido desde siempre con donaciones de los sorianos, cuya propiedad legal sin duda está en manos del obispado con toda la documentación pertinente, pero que los sorianos consideran, desde siempre, como un bien comunal, por lo que la entidad que los representa civilmente, el Ayuntamiento de Soria, ha tratado de desarrollar ese derecho de los vecinos, y sin la intención de reclamar ese dudoso derecho legal, el concejo ha sido y sigue siendo una parte imprescindible para que la ermita siga subsistiendo.
A mediados del siglo XVI, y probablemente desde mucho antes, ya existía en Soria, junto al Duero, una ermita bajo la advocación de San Miguel de la Peña. Su estado era entonces ruinoso, razón por la que el concejo de Soria, como representante del poder civil, y el cabildo de San Pedro, como representante del religioso, decidieron construir a medias una nueva ermita en el lugar en el que la tradición aseguraba que se encontraba el cuerpo de un santo llamado Saturio, algo que sabemos con seguridad a través del acta municipal de 22 de marzo de 1553, libro IV, fol. 228, que dice: "Por cuanto la iglesia y ermita del señor San Miguel de la Peña de esta Ciudad es ermita muy devota y de mucha antigüedad y hay en ella un Cuerpo Santo que dicen de San Saturio... y ahora se quiere caer y hundir y sería en mucho daño... Mandaban y mandaron que para el reparo de la dicha ermita y edificio de ella, de la madera y clavazón que hay de las casas de esta Ciudad ha comprado para la salida de la puente de la dicha Ciudad dé y tome lo que fuere menester; y en la costa que los oficiales que la hicieron, que esta dicha Ciudad pague la mitad y la otra mitad pague la Iglesia de San Pedro, que es cabeza de dicha ermita, por estar como está dicha Iglesia de San Pedro tan pobre. Miguel Múxica, Corregidor. Juan de Vinuesa, Regidor».
        Desde entonces la titularidad del conjunto ha estado doblemente ostentada por las dos partes que a través de diferentes formas jurídicas se han responsabilizado de su mantenimiento sin importar la titularidad real, algo que cambió, hace casi veinte años, cuando unilateralmente el Cabildo se la adjudicó a su nombre en el Registro de la Propiedad, reservando desde entonces el papel municipal al de mero colaborador, sin apenas capacidad decisoria en su gestión, y limitando su capacidad inversora para mantener el templo en las mejores condiciones posibles.

Ermita de San Saturio desde el paseo de San Prudencio (Soria),
foto cedida.


jueves, 5 de marzo de 2020

05/03/1446: Las disputas económicas del clero.


Como toda organización donde hay dinero por medio, la Iglesia Católica no ha estado exenta de polémicas y situaciones en las que da la impresión de que lo que prima no han sido tanto sus fines evangelizadores y el servicio a los creyentes como el enriquecimiento de sus dirigentes o de la propia organización para destinarlo a la construcción de nuevos y fastuosos templos. Para que nadie nos acuse de anticlericales, haremos hincapié que también hemos visto, y veremos, lo contrario, el desprendimiento de muchos clérigos y obispos ejemplares que prefirieron vivir realmente sus votos de pobreza repartiendo sus riquezas entre los que presentan necesidades materiales mucho más que las espirituales.

Hoy hablaremos de los primeros ya que, en estos mediados del siglo XV, volvieron a surgir los mismos viejos conflictos por el reparto de los diezmos. En este caso entre los curas del Cabildo de San Pedro y el Obispado de Osma pues, aunque los primeros percibían los diezmos y rentas de las heredades anejas a la iglesia de San Polo, el obispo oxomense, Roberto Moya, consideraba que la iglesia era de su dignidad y que debía recibir los diezmos él o el canónigo Juan Martínez, a quien había concedido sus derechos el 5 de marzo de este 1446.
        Desconocemos el detalle de las negociaciones pero cabe suponer que las cosas continuaron igual ya que, poco después, consta el hecho de que a cambio de esas rentas los sacerdotes del Cabildo de Soria se comprometieron a rezar tres misas al año por la salud de los obispos de Osma.

Iglesia de San Polo hacia el primer tercio del siglo XX.
Fuente foto: JACYL AHPSo nº75, archivo Carrascosa, autor desconocido.


viernes, 14 de febrero de 2020

14/02/1591: La antigua parroquia de San Millán.


En el día de hoy de 1591, y tras haberlo solicitado sin obtenerlo dos años antes, el Cabildo de San Pedro instó al obispado de Osma permiso para derribar la ermita de San Millán, una de las famosas 35 colaciones de la ciudad, y que esta vez le fue concedido.

            Tras la repoblación de Soria de 1119, los colonos se establecieron, en lo que viene a ser el perímetro amurallado de la ciudad vieja, en 35 pequeños barrios independientes o colaciones que surgirían en torno a una iglesia o parroquia y que haría funciones más allá de las meramente religiosas. Con el tiempo aquella organización social fue evolucionando, la población se unificó y muchas de aquellas parroquias se dejaron arruinar sin que sepamos, con seguridad, la ubicación concreta de algunas de ellas.
            Una de aquellas antiguas parroquias que dio nombre a su colación fue la de San Millán, un santo tradicionalmente asociado con la devoción de los pastores, dato este que puede darnos una pista sobre el origen de sus pobladores o bien, tampoco sería descartable, que procedieran de alguna población con parroquia a ese santo o, incluso, que procedieran de la zona próxima al monasterio de San Milán de la Cogolla, cenobio con alguna presencia en Soria por aquella época.
            Aunque no se ha podido confirmar arqueológica ni documentalmente su ubicación concreta, se ofrecen dos posibles: una, hacia el final de la calle de San Vicente, entre el actual camino de San Ginés y el barrio de la Cruz; y otra, en la ladera del Mirón por la zona de San Pedro, al fondo del barranco donde finaliza la calle de Santa Apolonia.
            Tras la desaparición de la parroquia de San Millán, sus propiedades pasaron a la de Nuestra Señora del Azogue, que dos siglos después también fue eliminada y absorbida por de San Pedro. Aquí fueron a parar muchos de sus objetos litúrgicos, entre los que se recogen: una campana, una imagen de Santa Apolonia, y otra imagen muy milagrosa y de gran devoción entre los sorianos conocida como la Virgen de San Millán. La propia piedra de esta vieja parroquia fue reutilizada para construir la torre campanario de la hoy concatedral.

Torre de la concatedral de San Pedro con la piedra de San Millán en su fábrica.
Fotografía A. Arribas.


domingo, 16 de octubre de 2016

17/10/1685 ~ Los restos de San Saturio en un arca con dos llaves.

La devoción popular a San Saturio es ahora y ha sido un fenómeno que va mucho más allá de la religiosidad. Es además un sentimiento de identificación y orgullo de los sorianos con su tierra, algo que puede ser asimilable a lo que pasa ahora con la pasión que algunos sienten por su equipo local.

Sabemos, porque ya lo hemos comentado muchas veces en esta sección, que las relaciones entre las autoridades religiosas y civiles de la ciudad en cuanto a la propiedad del santo y de la ermita nunca han sido fáciles, algo que con altibajos se mantiene en la actualidad, pero uno de los momentos álgidos de esta mala pero relación aconteció en esta época cuando al parecer algunos canónigos acostumbraban a entregar reliquias de santo sin consentimiento de las autoridades municipales que llegaron a temer por la desaparición de todo resto y que en sesión municipal celebrada en esta jornada acordaron retirar los restos mortales del santo de la caja en la que se encontraban y colocarlos en una nueva con dos cerraduras, una para el Cabildo y otra para la Ciudad, de forma que para abrir el arca sea imprescindible hacerlo por las dos partes.

La solución adoptada y que es similar a la del Arca de Almarza y San Andrés, es la que continúa guardando los restos del santo en el arca que se guarda debajo del busto del santo en la ermita.

La fotografía que acompaña a este texto, presuntamente fue tomada durante los actos de celebración del segundo centenario en 1943, última ocasión en la que se ha sacado a la luz.


Imagen del santo y del arca que contiene sus restos. Fotografía de la colección de Tomás Pérez Frías, la publicó Martínez Marigorta en su libro sobre San Prudencio y San Saturio en 1939.

jueves, 22 de septiembre de 2016

22/09/1690 ~ La reina da el visto bueno a un nuevo convento en Soria y pide explicaciones al obispo.

Dos años antes, en 1688, los frailes carmelitas iniciaron las gestiones para fundar en Soria un monasterio masculino de esta orden que ya tenía uno femenino, a lo que la ciudad, el cabildo de San Pedro y el de canónigos regulares dieron su visto bueno, pero no así el resto de monasterios masculinos de la ciudad cuyos frailes se oponían pues pensarían que ya había mucho gallo en este gallinero.

Los carmelitas se habían dirigido al obispo de Osma (Sebastián Arévalo, fraile franciscano y por lo tanto cabe suponer que como sus hermanos poco proclive a la instalación de más frailes en la ciudad) quien no decía ni sí ni no pero que ponía todas las trabas posibles. Ante la falta de una respuesta concreta intervinieron las autoridades civiles y así la Ciudad trató de vender a resistencia del obispo solicitando su intercesión al papa Inocencio XI, que no contestó, y la de la reina madre que sí lo hizo dando su aprobación al proyecto y escribiendo tal día como hoy una carta al obispo en la que le pedía explicaciones.

Una cosa era dar largas a los frailes y a la Ciudad pero a la reina no podía negarse, por lo que el obispo se defendió argumentando que él no ponía pegas, que eran el restos de frailes de la capital los que argumentaban que “la penuria de los tiempos podían ser mayores con el aumento de esta fundación”.

La fase burocrática del proyecto se alargará muchos años y el obispo no llegó a dar su autorización pero al final hubo y hay en Soria convento carmelita.


Iglesia y convento masculino de los carmelitas desde la torre de los Condes de Gómara (Soria).

sábado, 13 de agosto de 2016

16/08/1663 ~ Dieciocho mil reales de vellón por construir un retablo.

En esta jornada el maestro escultor Pedro Cicarte y su yerno Juan Moreno de Tejada firmaron con el Cabildo de San Pedro el contrato por el que ambos se comprometían a construir un retablo destinado para la capilla de San Millán, antiguo refectorio al que hoy se le conoce como capilla de San Saturio, a cambio de la cantidad de dieciocho mil reales de vellón.

Cicarte y Moreno construyeron el monumental retablo-camarín que hoy se conserva en la capilla de San Saturio, una obra realizada en madera dorada y policromada que se asienta sobre sotobanco de piedra con pilastras cajeadas y se compone de predela, cuerpo principal tetrástilo y ático. Las calles se articulan por cuatro columnas gigantes, acanaladas, con basa y capitel corintios, y apoyadas en contrapilares. Las columnas centrales descansan sobre ménsulas decoradas con motivos vegetales de talla carnosa, y las exteriores sobre netos con tablas pintadas que representan a los cuatro evangelistas. En las casas de la predela aparecen pintadas las escenas de La Presentación, los Desposorios y episodios de la vida de San Saturio. El relicario en el centro lleva una pintura sobre tabla que representa la muerte de San Saturio.

En las calles laterales aparecen lienzos con la representación de la Aparición del Ángel a San Joaquín y a Santa Ana, con marco acodillado y rematado con tarjeta vegetal.

La parte superior de la calle central lleva una gran nicho ovalado que se abre al camarín en el que se muestra la imagen de cuerpo entero de la Inmaculada Concepción y en la parte inferior una caja lobulada en la que aparece el busto-relicario de San Saturio que se coloca presidiendo el retablo mayor durante su novena.

El entablamento, con modillones y cornisa voladiza, lleva dos escudos que son las armas del obispo de Osma Alonso Enríquez (1506-1523). Por encima el ático, conformado por una gran caja rectangular de frontón curvo flanqueado por dos machones, en la que se encuentra un lienzo de la Asunción.


Retablo de la capilla de San Saturio (Soria), obra de Cicarte y Moreno de Tejada.

viernes, 22 de julio de 2016

23/07/1787: Estar o no estar en la plaza Mayor

En varias ocasiones hemos visto que a partir del siglo XVI el centro de la ciudad pasó a situarse en la actual plaza Mayor de Soria y que desde entonces se transformó en el corazón de la ciudad. Allí se asentaron los Linajes, la justicia y el concejo. También lo pretendieron el Cabildo de San Pedro y hasta la Universidad de la Tierra. Esta tuvo que conformarse con un caserón inmediato. Sin embargo, los vecinos más humildes agrupados en el ‘Común de Hombres Buenos’ no pudieron y tuvieron que seguir en su sede: la Sala de San Hipólito, en un edificio frente al palacio de los Condes de Gómara.

Pero los miembros del Común aspiraban a ser considerados iguales que los caballeros y decidieron asentarse en la plaza Mayor que, además del simbolismo y del reconocimiento social, desde los balcones se veían muy bien las corridas de toros que solían celebrarse en esta plaza. Por lo que en algún momento del siglo XVII, el Común, sin abandonar la otra dependencia, se instaló en el edificio de la plaza Mayor que seguían siendo carnicerías y que había sido sede de los Linajes y lugar donde guardaron los arneses antes de construir enfrente su palacio.
Respecto a la propiedad del edificio en esa época es difícil saberlo. Fue municipal, después vendido a los Linajes que a su vez lo vendieron al Ayuntamiento. Y es posible que fuese del concejo o ya del Común y que estuviesen allí arrendados.

Lo que se sabe con seguridad es que en 1781 el edificio estaba en muy mal estado de conservación y aprovechando el que maestro de obras Aranguren se encontraba en Soria supervisando los trabajos de construcción de la actual Audiencia, se le pido reconocer la casa para hacer “plan y condiciones”. Dos años después presentó un proyecto para reparar la Casa del Común y las Carnicerías por la ruina que amenazaban, un proyecto que más o menos era el del edificio actual, un inmueble de planta baja y dos pisos desarrollando una fachada simétrica con cuatro arcos de medio punto siendo los dos centrales de mayor tamaño que los laterales, pero con toda la fachada construida en piedra de sillería lo que encarecía mucho la obra, razón que hizo desestimar el proyecto.

Pero como ignorar un problema no suele servir para que se solucione, el mal estado del edificio empeoraría, de forma que el 23 de julio de 1787 la correspondiente sesión municipal del Ayuntamiento de Soria volvió a tratar sobre la situación de la Casa del Común de Soria, o mejor aún, «de la casa en que celebra sus juntas el Estado General de Hombres Buenos de ella». Según los informes, una obra nueva con toda la fachada de sillería costaría entre 13.000 a 14.000 reales, pero se buscó una solución intermedia que costaría sólo 9.000 reales y que reducía la sillería únicamente en el primer cuerpo, siendo el resto materiales comunes.

Esa fue la decisión tomada y el resultado el que hoy vemos reconvertido en sede del Archivo Municipal de Soria, con la salvedad que de que a mediados del siglo XX se le añadió otro piso, pero eso lo dejamos para otro día.



Imagen de la planta baja de la Casa del Común en 1912, empleada en aquella época como local municipal donde estaba la báscula que servía para las ventas del grano en el mercado.
Fotografía atribuible a Aurelio Rioja de Pablo. Fondos del Museo Sorolla, 82965.