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lunes, 2 de marzo de 2020

02/03/1844: Subasta del convento del Carmen.


Con objeto de ofrecer atención espiritual a las monjas, los frailes carmelitas se instalaron en la capital un sigo después de que se Santa Teresa de Jesús fundase el convento femenino pero, más que monasterio, desde el principio fue más bien un sencillo hospicio ocupado por un reducido número de frailes que ni siquiera tenían capilla abierta al público. Posteriormente, hacia mediados del siglo XVIII, comenzaron a construir un edificio de piedra en el lado nordeste de la iglesia aprovechando el solar de la antigua iglesia de Nuestra Señora de Cinco Villas y parte de sus ruinas que serían aprovechadas en la nueva fábrica, entre ellas la que fue su portada que se mantiene como acceso principal a esta casa, dando la iglesia e instalaciones inauguradas en 1776.

        La desamortización de Mendizábal (1836) obligó a los monjes carmelitas descalzos a abandonar su casa en Soria, aunque la expulsión no fue efectiva y durante algunos años se quedaron asistiendo espiritualmente a las monjas, concretamente hasta que su edificio fue subastado tal día como hoy de 1844. Según el Boletín Oficial de la venta de Bienes Nacionales, el hospicio del Carmen era un edificio de 691 varas cuadradas superficiales, con cuatro pisos y que se tasó en 25.564 reales.
        El caserón fue comprado por el comerciante soriano y secretario de la Sociedad Económica Numantina, don León Perlado, quien se lo adjudicó por 25.560 reales con la intención de que esa Sociedad instalase allí una escuela de párvulos que funcionó dirigida por aquella sociedad hasta 1861, fecha en la que se hizo cargo el Ayuntamiento de la ciudad convirtiendo el edificio después en escuela mixta, y dedicando otra parte a Archivo Histórico Municipal.
        Prácticamente desde que los frailes fueron expulsados de forma definitiva, las monjas carmelitas iniciaron gestiones para que se les adjudicara a ellas el edificio y que los frailes regresaran. Pero tuvo que pasar casi un siglo hasta que, en septiembre de 1937, sus oraciones fueron escuchadas y los frailes carmelitas pudieran regresar a Soria, instalándose primero en un piso alquilado cercano y después en su emplazamiento original de la plaza del Carmen que era entonces propiedad municipal. Allí los frailes siguieron pagando un alquiler al Ayuntamiento de la ciudad y, en 1947, pudieron volver a comprar lo que les había sido expropiado en 1835.

Imagen del Sagrado Corazón en el jardín de los frailes carmelitas de Soria en 2017.
Autor: Alberto Arribas.


domingo, 5 de enero de 2020

05/01/1918: La farmacia Carrascosa abre sus puertas en el ensanche del Collado.


Según referencia el periódico El Avisador Numantino del 5 de enero de 1918, con 24 años de edad y recién doctorado en Farmacia por la Universidad Central de Madrid, el joven soriano Ignacio Carrascosa Ridruejo (1894-1965) regresó a su ciudad natal y traspasó el negocio de farmacia, droguería y perfumería de Enrique Ramírez Redondas, un local comercial que por aquel entonces se encontraba en el ensanche del Collado en la confluencia con la plaza del Rosel donde hoy se encuentra la mercería de Justo Ortega y donde permaneció hasta 1924, cuando se trasladó a su actual emplazamiento en la entones calle de Canalejas nº 72 y Collado nº 46.
Ignacio Carrascosa tiene motivos de sobra para ser reconocido en esta sección todavía después de más de un siglo, ya que su farmacia, óptica, ortopedia y droguería fue y sigue siendo una referencia comercial y que entra a formar parte de nuestra memoria colectiva. Pero más si cabe lo es por la iniciativa que tuvo de confeccionar una valiosísima colección fotográfica artística, monumental y costumbrista de la provincia de Soria que ponía a disposición de sus clientes como recuerdo turístico o para ilustrar muchas publicaciones sobre Soria. 
Hoy, gracias a la generosidad de sus hijos, constituye un fondo documental impagable que se encuentra legado y a disposición de todos los sorianos en el Archivo Histórico Provincial de Soria, permitiéndonos averiguar cómo fuimos.
Pero junto con la figura de Ignacio Carrascosa también hay que reivindicar la de Tiburcio Crespo Palomar, un muchacho que comenzó a trabajar de mozo en la farmacia de Ramírez y que al poco se convirtió en el fotógrafo de la mayor parte del álbum: “Archivo fotográfico Carrascosa”.
Probablemente el mejor homenaje que podamos hacerles en la actualidad sea el de reconocerles sus méritos, y no se nos ocurre mejor manera que cada vez que utilicemos sus imágenes, sobre todo en esta o estas redes sociales, indicar y recoger legítimamente su autor y procedencia, algo que nos gustaría se extendiese y se generalizase para todos los que ponen su arte a disposición de los demás.

Antigua farmacia de Carrascosa en su emplazamiento original del Ensanche.
Autor anónimo, tomada de la publicación de Tomás Pérez Frías Fotógrafos y fotografías (Soria 1860-1936), Soria 2013, ediciones de la Excma. Diputación Provincial.