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viernes, 10 de julio de 2020

10/07/1925: Primeros pasos de la génesis del Museo Sorolla.

Hoy hablaremos de un acontecimiento cultural que en su día pasaría inadvertido para la mayor parte del público, pero a la postre tendría trascendencia nacional, incluso para los sorianos. Y es que hoy, hace 95 años, doña Clotilde García del Castillo, viuda del pintor Joaquín Sorolla, dictó testamento ante el notario madrileño Camilo Ávila, en el que generosamente dispuso legar al Estado español la casa-taller familiar ubicada en Madrid con la mayor parte de las pinturas del maestro, objetos artísticos, muebles, documentos, cartas particulares y una gran colección fotográfica. 

        En ese lugar y con esos objetos, se fundó siete años después el Museo Sorolla, un ejemplo paradigmático de lo que debe y puede hacerse con una colección pictórica para que la disfrute todo el mundo y que posteriormente fue enriquecido con la generosidad de los hijos de Joaquín y Clotilde.

        Sin embargo y aunque de pasada, también citábamos antes que la donación incluía la gran colección fotográfica formada por imágenes familiares y otras compradas, o encargadas directamente por el maestro, que las usaba como inspiración o a modo de apuntes para la realización de sus pinturas.

        Entre esas más de siete mil fotografías, la colección cuenta con 67 imágenes de Soria: una tarjeta postal del mercado de la serie de 1908, otras cuatro fotografías montadas sobre cartón y diecisiete placas de cristal realizadas expresamente en la visita cursada por Sorolla a Soria en octubre de 1912, con seguridad todo atribuible al fotógrafo soriano Aurelio Rioja de Pablo, si bien hay otra serie de 41 placas estereoscópicas realizadas en esos días que, aunque se le atribuyen, no se tiene certeza de que sean de Rioja.

        Todas esas imágenes forman una impresionante colección costumbrista y, hasta hace poco inédita de esa Soria predominantemente rural de principios del siglo XX, que constituyen un documento impagable y que nos recuerda diferentes lugares del mercado de los jueves en las plazas Mayor, de la Leña, del Ferial,… Una colección que nos acerca mucho a nuestro pasado reciente y que muestra personas muy cercanas, que llevan rasgos reconocibles en cada uno de nosotros y que pueden ser los de nuestros abuelos.

        Esos fondos fotográficos resultaban prácticamente desconocidos para la mayor parte de los sorianos pero, en 2012 y con motivo del centenario de la llegada del pintor a Soria, el investigador Tomás Pérez Frías consiguió permiso de los responsables del Museo Sorolla para reproducirlos en un número monográfico de la Revista de Soria nº 78 que con textos suyos, de Joaquín Alcalde Rodríguez y de Alberto Arribas Hernández, permitieron rescatar y sacar a la luz un pasado que hoy podemos disfrutar gracias a la generosidad de muchas personas que entendieron que el conocimiento, la belleza o simplemente lo interesante, debe pertenecer a toda la Humanidad.

Joaquín Sorolla pintando a sus “Tipos sorianos” desde el atrio de la ermita del Mirón con el Castillo al fondo en octubre de 1912.


lunes, 23 de mayo de 2016

Cofradía de los Recueros

23/05/1300: El 23 de mayo, el rey confirma los privilegios de la Cofradía de los Recueros.

Hoy al igual que ayer, lo primero será ofrecer la definición pues no es palabra de uso común en nuestro tiempo. Recuero es lo mismo que arriero, es decir, el que lleva la recua o conjunto de animales de carga que sirve para transportar mercancías a lomos, no en carros, y las recuas de Soria debieron ser muy importantes para el desarrollo de la actividad mercantil del reino de Castilla pues sabemos que como “Cofradía de San Hipólito o de los Recueros” existe al menos desde 1219 siendo la primera cofradía gremial de España de la que se tiene conocimiento, aunque probablemente existiese anteriormente, y quizá guarde relación con algún privilegio otorgado pero no conocido por el rey Alfonso VIII pues la advocación elegida, San Hipólito, era la preferida por este monarca al ser el del día de su onomástica. Posteriormente, esta cofradía se fusionó con la de San Miguel o de los tenderos.

De su existencia segura se sabe por un privilegio del rey Fernando III en el que autoriza a los recueros sorianos a poder traer de fuera y comerciar en Soria vino sin que se lo pudiera prohibir el concejo, si bien se determina que la cofradía debería nombrar a cuatro o seis hombres buenos para que con un caballero nombrado por el concejo o por el rey se encargasen de reconocer las medidas con las que vendían ese vino. Con el tiempo además se les facultaron otros privilegios como los de llevar ciertos derechos en las medidas de pan, vino, aceite y pesas para la venta de productos al peso.

En época medieval, la separación entre el mundo seglar y el religioso era impensable y no se concebía la realización de una empresa, actividad o incluso batalla sin la protección de un santo lo que hizo que las agrupaciones gremiales de trabajadores de un mismo sector se realizara organizándose en una cofradía bajo a la advocación de un santo y con sede en una iglesia, y aunque sus miembros o cofrades organizasen misas y participasen en procesiones, más que un órgano devoto o penitencial eran agrupaciones de trabajadores de un mismo sector que se unían para defender sus intereses.

Como trabajadores manuales que eran no pertenecían a la nobleza, más bien al Común de Pecheros de Hombres Buenos y es probable que sus integrantes formaran parte de los órganos de representación e esta institución pues durante mucho tiempo el Común celebraba sus asambleas en la sala de San Hipólito de la iglesia parroquia de San Miguel de Montenegro


La postal de Aurelio Rioja no nos permite confirmar si el personaje de la fotografía llevaba una recua o un único animal pero estamos convencidos de que la fotografía podría reflejar perfectamente tanto a un recuero de los inicios del siglo XX, cuando se tomó, que a su antecesor del siglo XIII, y es que el transporte de mercancías ha cambiado más en cincuenta años que en los ochocientos anteriores.