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jueves, 13 de agosto de 2020

14/08/1918: El incendio de la iglesia de Quintana Redonda.

En la madrugada del 14 de agosto de 1918 un incendio arrasó el anterior templo parroquial de Quintana Redonda, un templo pequeño y, dicen, de un escaso valor arquitectónico si bien contenía una buena colección de imágenes del XV, lienzos y algún valioso retablo como el que donó el famoso bufón “Velasquillo”. Era su párroco don Celestino Zamora Ramos, el mismo sacerdote al que hemos hecho referencia en esta sección pues es el mismo al que, años después y siendo su párroco, se le quemó la iglesia de El Espino en Soria.

Las misas se celebraron al aire libre y en el Ayuntamiento, pero un pueblo sin iglesia era algo inconcebible por lo que muy pronto el párroco comenzó a gestionar la construcción de un nuevo templo. Tres años después, en 1921, presentó los planos realizados por Eduardo Gambra Sanz, arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, que ideó un templo de inspiración neorrománica con galería porticada, canecillos tallados y arcos de medio punto, una obra que fue realizada por el maestro de obras soriano Guillermo Benito en un solar cedido en parte por don Leoncio González de Gregorio (político bien relacionado en la corte real) y por el propio Ayuntamiento, y financiado con donaciones de los vecinos del pueblo, pero también por buena parte de la nobleza española que atendió la llamada de socorro realizada por Leoncio González.

El templo, finalizado el 22 de abril e inaugurado el 18 de octubre de 1924, parte de una concepción románica. Está construido en piedra de mampostería con planta de cruz latina, cúpula central acampanada sin linterna y con pechinas, y toda con bóveda de cañón. En el exterior se observa una sencilla arquivolta, torre de planta cuadrada, pórtico con siete arcadas gemelas sustentadas por columnas, y capiteles decorados con temas vegetales, los símbolos de los cuatro evangelistas, escenas bíblicas y en otro aparecen los patrones del pueblo San Juan, San Urbano, San Gregorio y San Roque.

Los González de Gregorio corrieron con el coste del retablo mayor dedicado al Santo Cristo, también de factura moderna aunque realizado según los cánones del estilo barroco.

Iglesia antigua, imagen colgada por Pablo Font en su artículo
"Quintana Redonda... mi pueblo,... mi gente" (20/04/2009)

sábado, 11 de julio de 2020

11/07/1755: Riqueza, nobleza y poder, los requisitos de siempre para triunfar.


Emilio Pérez Romero en su publicación “Patrimonios comunales. Ganadería trashumante y sociedad en la Tierra de Soria (Siglos XVIII-XIX)” (Edita Junta de Castilla y León, 1.995, página 174) recuerda que según una real cédula de 11 de julio de este año, Juan Baltasar González obtuvo «por causa onerosa» para él y para sus descendientes, la condición de noble hijodalgo con la consiguiente exención del pago de algunos impuestos. Pero ¿quién era este personaje?


        Juan Baltasar González, que fue la forma que usaba aunque sus sucesores se refieren a él con la forma compuesta Juan Baltasar González de Gregorio y Rodríguez de Carabantes, fue un ganadero oriundo de San Pedro Manrique. Nació en 1725, pero lejos de ser un humilde pastor fue dueño de los rebaños ovinos más grandes de Castilla y por lo tanto de los mayores productores de lana, lo que le permitió amasar una fortuna y soñar con desarrollar cargos políticos. Esto llevó a tomar dos medidas imprescindibles: trasladarse a Soria, donde le sería más fácil ocupar puestos importantes, y casarse con una mujer noble perteneciente a alguno de los Doce Linajes, accediendo a la nobleza por vía matrimonial en el linaje de Santisteban, una condición indispensable para desarrollar ciertos oficios públicos de carácter político.
        De esta forma Juan Baltasar llegó a ser administrador general de correos de Soria, mayordomo del obispo de Osma, administrador de la real gracia del excusado en la jurisdicción, alcalde de la Mesta y de la Santa Hermandad en Soria desde 1753, y Alcalde de la ciudad de Soria desde 1779.
        Este personaje, primero de la saga de los González de Gregorio, fue quien mandó construir el palacio de Quintana Redonda, en 1757, y también reconocido por ser padre de Manuel Casildo González de Gregorio, otro interesante personaje del que otro día tendremos que hablar en detalle. Cuando murió, en 1808, sus siete herederos se repartieron seis millones de reales, sin duda una fortuna.

Puerta principal del palacio de los González de Gregorio en Quintana Redonda.
Fotografía de Montserrat Cruz.