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lunes, 29 de junio de 2020

29/06/1953: La fiestas según el punto de vista de López Pando.


Tal día como hoy de hace 67 años era Lunes de Bailas, último día de una fiestas de San Juan que poco de normales tuvieron.

      Aquella situación comenzó en marzo del año anterior cuando llegó a Soria como gobernador civil un militar, el coronel de Infantería Luis López Pando, un personaje que acostumbrado a dirigir cuarteles a su capricho, pretendió hacer lo mismo con toda la provincia, algo que incluso en una dictadura no tuvo fácil.
      Una de sus primeras actuaciones fue tratar de meter en vereda a los sorianos en fiestas de San Juan y es que, antes de conocerlas y sólo con lo que le contaron, el coronel llegó a la conclusión de que más que fiestas eran un desmadre de libertinaje y desenfreno por lo que trató de liar a varios sectores de la sociedad soriana para que le ayudasen a controlar la situación y convertir las fiestas en una especie de romería con batallas de flores, concursos de poesía y deporte. Lo cierto es que en las fiestas de ese 1952 ya logró introducir algunas de sus innovaciones como carreras de cintas y gimkanas el Jueves la Saca en Valonsadero, o un partido de fútbol el Sábado Agés entre el Numancia y el equipo alemán Freiburger.
      A los sorianos, en general, aquellas intromisiones en el desarrollo de las fiestas les disgustaron pero ¡qué remedio!, las acataron a la fuerza. Sin embargo, para celebrar las de 1953 el coronel ya había tenido más tiempo de inmiscuirse en su desarrollo y había dispuestos algunos elementos que pretendían acabar poco a poco con la particular idiosincrasia de estos festejos y, para que nadie dudase de sus intenciones, en las vísperas de aquellas fiestas de 1953 comenzó a demostrar su firmeza imponiendo multas y sanciones a los disconformes que llegaron incluso hasta a algún diputado provincial.
      Ya en la Compra se celebraron desfiles de carrozas y batallas de flores y, tras la Saca, los caballistas fueron detenidos por querer desfilar por el Collado y conducidos a una prisión que ya estaba tan atestada de sanjuaneros que hubo que habilitar alguna pensión como calabozo. Los días siguientes hubo una calma tensa y surgieron manifestaciones silenciosas espontáneas, pero el mayor incidente se produjo el día 29 de junio, Lunes de Bailas, cuando los sorianos decidieron rebelarse y demostrar la firmeza con que los Usos y Costumbres ordenan celebrar la fiesta, por encima de resoluciones gubernamentales. Detrás del desfile de la subida de las Bailas iba un grupo de sorianos de todas las clases y edades que ya no desfilaban sino que se manifestaban rezando el rosario y murmurando. Llegaron hasta el gobierno civil donde, con brevedad, la manifestación no autorizada fue disuelta sin contemplaciones a base de porra, patadas y bofetadas, causando un gran número de detenidos y heridos, algunos con lesiones crónicas más o menos graves, como las de alguno que nos ha contado de estos detalles, que luce con orgullo en la espalda, y asegura que son las marcas de lo que él dice fueron los porrazos de López Pando.
      Lo cierto es que pocos van quedando ya de aquella época, pero aún queda alguno que haría bien en escribir sus recuerdos para que conste pues, no busque el lector referencia alguna en la prensa de la época que no encontrará incidente alguno.
El gobernador civil Luis López Pando en un desfile del Domingo de Calderas hacia 1955.
Foto de Salvador Vives Soriano, JCYL AHPSo 30518.


lunes, 18 de mayo de 2020

18/05/1953: El monumento a los caídos en la Dehesa.


Pasado lo más duro de la postguerra y en medio de un innegable desarrollo económico, las autoridades locales y provinciales de todo el país comenzaron a adoptar acuerdos e iniciativas que honraran las bondades del régimen y de su generalísimo, así como a los caídos por Dios y por la Patria.


     En Soria, la decisión de construir un monumento en honor a los caídos se tomó ya en 1940, pero había otras necesidades más urgentes y aquel proyecto quedó en suspenso. En 1952, un par de semanas después de la llegada del gobernador civil Luis López Pando -algo que conociéndole hace suponer que tuvo mucho que ver en el asunto y quien nada más llegar sustituyó al alcalde Mariano Íñiguez por Eusebio Fernández de Velasco- el Ayuntamiento soriano se propuso retomar el proyecto de construcción de este monumento, eligiéndose la ubicación de la plaza de Ramón y Cajal así como la convocatoria de un concurso público para elegir el mejor.
     Finalmente se decidió cambiar su ubicación al Alto de la Dehesa, donde entones estaba la Fuente de los Leones, y el 18 de mayo se acordó nombrar ganador del concurso al proyecto presentado por Manuel y José Romero Aguirre, con un coste de 287.835,45 pesetas, unos 1.750 euros, y que al final se incrementaron en algo más.
     Las obras de construcción comenzaron en marzo del año siguiente y se programaron de forma que estuvieran listas para su inauguración, el 19 de noviembre de 1954, en medio de un ceremonial muy al gusto de la época.
     Prácticamente desde su inauguración el monumento fue abandonado y su lugar empleado para otros usos mucho menos heroicos pero mucho más humanos. Ya en democracia y por iniciativa del PSOE municipal, se decidió cambiar la leyenda que llevaba haciendo mención únicamente a los caídos sublevados de forma que hiciera referencia a los caídos de los dos bandos, pero aquello no mejoró el entorno que fue degradándose y convirtiéndose en la zona menos recomendable del parque, por lo que en noviembre de 2003, y a punto de cumplir cincuenta años, el equipo de gobierno de la alcaldesa Encarnación Redondo decidió derribar aquel monumento ante la indiferencia prácticamente generalizada de la ciudadanía que aprobó el derribo.
     Curiosamente la única persona que se lamentó por el derribo fue un anciano, antiguo excombatiente soriano del bando republicano, que se lamentaba de que aun sucio, en mal estado y pese a haber sido un símbolo franquista, ya había dejado de serlo y en la práctica era el lugar donde sentía que se había prestado un mínimo reconocimiento a sus compañeros republicanos caídos.

Inauguración del monumentos a los caídos del Alto de la Dehesa.
Fotograma del NODO, Filmoteca Nacional.


sábado, 19 de noviembre de 2016

19/11/1954 ~ Ceremonia al estilo Roma Imperial para inaugurar el monumento a los caídos en la capital.

Al poco de la finalización de la Guerra Civil el Ayuntamiento de la ciudad pretendió emular lo que el dictador hacía en el Escorial y quiso también construir su propio monumento en honor “a los caídos por Dios y por España” pero por alguna razón el proyecto quedó prácticamente paralizado sin apenas noticias hasta que volvió a tratarse el asunto en el pleno municipal celebrado, ¡Qué casualidad! justo a los veinte días de que el inefable López Pando se hiciera cargo del gobierno civil en la provincia.

Al Ayuntamiento capitalino le urgieron entonces las prisas y se tomó el acuerdo de construirlo mediante un concurso de ideas y que se erigiría en la plaza de Ramón y Cajal aunque al poco se decidió que no era el lugar conveniente y se eligió ubicarlo en el alto de la Dehesa para lo cual hubo que desmontar la Fuente de los Leones que se llevó a la plaza de San Pedro primero y después al Castillo.

El concurso del proyecto lo ganaron los hermanos arquitectos Manuel y José Romero Aguirre -los mismos que poco tiempo después proyectaron también en la Dehesa la cafetería Alameda- tuvo un coste de 312.000 pesetas (1.875 euros) y fue inaugurado el 19 de noviembre de 1954 con un ceremonial inspirado en la Roma Imperial tan al gusto de los aires fascistas del régimen. El monumento que llevaba en grandes letras de bronce la inscripción “Gloriosos caídos por Dios y por España” pronto fue abandonado y su ubicación en la parte más alejada del parque convirtió sus inmediaciones en lugar habitual para los escarceos secretos de los enamorados, amén de otras actividades humanas mucho más fisiológicas.

Con la llegada de la democracia el monumento quedó todavía en mayor abandono hasta que en 1989 el concejal socialista Luis Cabrejas propuso que se cambiase la inscripción del monumento por la de Soria por la paz. Recuerdo a los muertos de la Guerra Civil”. La propuesta fue aceptada y el monumento se convirtió entonces en el único monumento erigido en Soria en reconocimiento a todos los que cayeron en aquel enfrentamiento. En 2003 el monumento estaba muy sucio y abandonado, por lo que el equipo de gobierno municipal formado entonces por PP e IDES decidió derribar el único monumento existente en Soria y dedicado a la memoria de los caídos.
 

Ceremonia de la inauguración del Monumento a los Caídos en Soria. Fotograma del NODO.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

02/11/1952 ~ Primera emisora de radio soriana.

Aunque los primeros intentos de instalar una emisora de radio local en Soria se remontan a 1940, no fue hasta 1951 cuando el navarro Eulogio Ioiz Uriz, entonces gerente de la Eléctrica de Soria SA, comenzó a realizar los primeros trámites exigidos por el Servicio de Radio y Cine para que la ciudad contase con una emisora pues era una de las pocas capitales de provincia que carecía de este servicio.

A la par que tramitaba las autorizaciones realizó un presupuesto técnico que se estimó en 164.000 pesetas, casi mil euros, y obtuvo permiso para instalar las dependencias en unos locales del palacio de los condes de Gómara, lo que aumentaba el gasto pues había que acondicionarlos. Sin embargo la empresa tuvo el visto bueno de las autoridades de la época, particularmente del entonces gobernador civil de la provincia y jefe provincial del Movimiento, don Jesús Posada Cacho, que dispuso que se harían cargo del coste la Diputación, el Ayuntamiento de la capital, la Cámara Oficial Sindical Agraria, el propio Gobierno Civil y los ayuntamientos de la provincia que quisieran adherirse.

Por fin y tras muchos problemas derivados por el cambio de gobernador pues Cacho fue sustituido en este tiempo por el inefable Luis López Pando, en la noche del 1 al 2 de noviembre de 1952 se inauguró la primera emisora de radio soriana, la "Estación Escuela número 2 de la Cadena Azul del Frente de Juventudes, Radio Soria", que de la mano sobre todo del que fue su primer director, el citado Eulogio Iciz Uriz, y de su subdirector y redactor Francisco Cacho Dalda, además de un buen número de jóvenes sorianos, comenzó a emitir programación local que llegaba a la capital y buena parte de los pueblos del entorno.

En una época en la que apenas había prensa y en la que aún quedaban seis años para que llegaran las primeras señales de TV, la radio local supuso una auténtica revolución popular que cambió los hábitos de los sorianos que se volcaron en aquel proyecto que apenas disponía de medios técnicos pero que estaba sobrado de ideas y de ilusión.


Palacio de los Condes de Gómara (Soria). En el tejado se observa la antena de la emisora.
Foto JCyL AHPSo nº 15119.