En la madrugada del 27 de agosto y una vez
cerrada al público, un problema eléctrico provocó el incendió de la cafetería
Alameda de la Dehesa, un edificio singular dentro de la, en general, aburrida
arquitectura soriana reciente.
A mediados del siglo XX el Ayuntamiento de Soria
entonces presidido por Eusebio Fernández de Velasco, decidió dotar al
parque de la Dehesa de un establecimiento público con servicio de bar en
invierno o en verano, encomendándole el proyecto a los arquitectos zaragozanos
Manuel y José Romero Aguirre, los mismos que idearon el Monumento a los Caídos y
que idearon un novedoso diseño. Miguel de Lózar ha escrito recientemente sobre
la arquitectura de esta cafetería en una serie de artículos en el último número
de nuestra revista Arevacon describiendo arquitectónicamente este edificio tan
interesante que cuesta mucho entender su estado de abandono, y a los que remito
al lector interesado en la arquitectura del siglo XX en Soria.
Aquella cafetería fue inaugurada en 1959 y desde el primer momento se
convirtió en el espacio de moda de la ciudad. Tras el incendio al que hacíamos
referencia al principio el Ayuntamiento convocó un concurso de ideas para su
reconstrucción, trabajo que finalmente fue adjudicado al equipo de arquitectos sorianos
Francisco de Gracia Soria, Francisco Javier Ceña Jodra y Juan Francisco Yusta
Bonilla.
Como la estructura principal no había sufrido graves daños el proyecto
de rehabilitación respetó el edificio principal dotándolo de elementos que
proporcionaban una mejor iluminación natural, prolongó el sistema de pérgolas
alrededor del edificio con las mismas dimensiones pero adicionándoles también
unas cúpulas traslúcidas que mejoran la iluminación interna. En el exterior se
construyó una pista de baile en forma de graderío de hormigón armado y unas
pequeños edificios destinados a baños públicos y almacén del bar restaurante
que fueron derribados a los pocos años y que se encontraban en la zona donde
ahora está el monumento a los autores de la sanjuaneras.
Hace unos años el Ayuntamiento decidió no sacar a subasta la
adjudicación de la cafetería y salvo para algún acto cultural, el edificio
permanece inexplicablemente abandonado, languideciendo por un futuro digno que
no acaba de aclararse.
Cafetería Alameda hacia 1960. Del archivo de Andrés Cámara. |
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