miércoles, 9 de septiembre de 2020

09/09/1447: Isabel de Portugal, Señora de Soria.

El 9 de septiembre la Universidad y Tierra de Soria prestaron juramento de recibir y tener por Señora a la reina Isabel de Portugal, segunda mujer de Juan II.

Para entender el significado de esta cita hay que saber que desde siempre Soria ha sido una población de realengo, es decir, no dependía de un señor a quien debían pleitesía y que se quedaba con buena parte del trabajo de sus vasallos.

Los sorianos de la capital llevábamos eso con mucho orgullo y salvo el breve paréntesis de Señorío de Soria que Enrique II concedió al mercenario Du Guesclain, siempre fuimos libros, e incluso en esos momentos pues nuestros antepasados eligieron rebelarse y no acatar aquella decisión del rey, lo que a ellos les costó derramar mucha sangre y al rey una buena cantidad de dinero con la que tuvo que indemnizar al mercenario pues los testarudos sorianos no se querían dejar mangonear.

El rey Juan I de Castilla, quizá para que no olvidáramos quién era nuestro Señor en la Tierra o quizá incluso para engrandecer el lugar en el que tanto tiempo pasó y que tanto quiso, decidió honrar a su hijo y sucesor con un título simbólico de la misma forma que los ingleses nombraban Príncipe de Gales al futuro monarca, el rey castellano nombró a su primogénito con los títulos de Príncipe de Asturias, Señor de Soria y Señor de Molina. La costumbre gustó de forma que aquel hecho puntual se convirtió en hábito y la ciudad de Soria, entre otras poblaciones, se ofrecía en arras a la reinas castellanas, revertiendo el título otra vez a la corona cuando la reina fallecía. La primera fue la nuera de Juan I Catalina de Lancaster que recibió Soria al casarse el 17 de septiembre de 1388 y la última la emperatriz Isabel de Portugal, derecho que revertía al rey cuando ella moría.

En principio el cargo era honorífico sin más compromiso que cubrir las rentas de su viudez y a nada obligaba pero alguna hubo que se lo tomó muy en serio llegando a tomar decisiones que rompían la unidad de la Tierra de Soria disgregando territorios con los que pagar favores, o como la emperatriz Isabel, atribuyéndose veladora de la moral de los sorianos y llegando a disponer que las fiestas de San Juan debían dejar la barbaridad que eran…. Menos mal que no le hicimos mucho caso.

En la actualidad y según la Constitución Española, el heredero al trono es el Príncipe/ Princesa de Asturias, un cargo para el que sólo hemos conocido a Felipe de Borbón pues su padre fue Príncipe de España antes de acceder a la Jefatura del Estado.

Retrato de Isabel de Portugal, Señora de Soria.
Imagen de 
dinastias.forogratis.es



martes, 8 de septiembre de 2020

08/09/1626: Colocación de la primera piedra del monasterio concepcionista de Ágreda.

En 1615 doña Catalina de Arana decidió consagrarse a Dios y dedicar su casa familiar de la calle Agustinas en Ágreda para fundar allí un convento femenino en el que profesar ella y sus hijas María y Jerónima, y en 1619 dio por inaugurado aquel primitivo convento en la casa cuya fachada subsiste como parte de un edificio residencial, pero aquella casa de los Coronel Arana pronto se quedó pequeña y decidieron trasladarse y construir uno nuevo, algo que comenzó tal día como hoy de 1616 cuando se colocó la primera piedra del actual convento de la carretera de Vozmediano. al frente del cual se pondrá la hija de doña Catalina, una monja a la que seguimos conociendo como sor María de Jesús de Ágreda y, más corto y familiar, la Venerable.

Aquellas obras se alargaron durante siete años y según la tradición, ya ocurrieron algunos sucesos prodigiosos como accidentes graves sin trascendencia, incluso hay quien dice que sor María Jesús ya demostró entonces su bilocación pues sin salir del viejo convento de su casa familiar viajaba al nuevo y denunciaba los desperfectos que veía. También dicen que hubo dos obreros fabulosos que trabajaban bien, sin descanso y sin salario, lo que hizo que se corriera la voz de que eran ángeles del cielo que habían venido ayudar, aunque quizá lo más milagroso es que siendo un monasterio muy pobre y sin que consten grandes donaciones, cada semana se pagaba puntualmente a los proveedores y a los trabajadores.

El conjunto monacal no destaca por fuera. Se trata de una sólida construcción piedra de mampostería cogida a cal y canto, con sillería en esquinas, jambas y dinteles y fachada principal orientada de oeste a este y protegida por muro de piedra con rejas, en el que se abren los tres arcos de medio punto que permiten acceder al interior. El edificio consta de dos pisos y sus ventanas se cubren con rejas. Abundan los manantiales que favorecen los cultivos hortícolas y proporcionan el suficiente abastecimiento de agua para la comunidad. El interior del convento está encalado y embaldosado con la típica baldosa aragonesa que las monjas hacen brillar con cera desde hace siglos. En el exterior y muchos años después el abad de Sacromonte de Granada don Zotico Royo, donó la imagen de la Venerable esculpida en piedra blanca.

La iglesia desarrolla una planta de cruz latina con cúpula sobre pechinas, brazos cubiertos por lunetos y coro protegido por verja, todo ello construido según los cánones barrocos que imponen una decoración arquitectónica casi exagerada, realizada con molduras de escayola pintadas, y lleva retablos coetáneos así como elementos decorativos oriundos de Méjico o donados por el rey Felipe IV, si bien lo más llamativo es el féretro de cristal que guarda el cuerpo de sor María Jesús de Ágreda.

Convento concepcionista de Ágreda en 1886, publicado en la revista la Ilustración Católica.



lunes, 7 de septiembre de 2020

07/09/1937: Restauración del convento carmelita masculino.

Prácticamente desde el momento en el que los frailes carmelitas de Soria fueron obligados a abandonar su casa en 1835, las monjas carmelitas de la ciudad comenzaron a desarrollar gestiones y trámites legales para intentar que se les devolviera a ellas el edificio y así conseguir que los frailes pudieran regresar pronto, pero tuvo que pasar algo más de un siglo para que ese anhelo fuese una realidad.

En 1937 la priora de la comunidad sor María Pilar del Espíritu Santo, escribió al obispo oxomense para que les proveyera de un nuevo capellán y confesor que, a ser posible, fuera de su misma congregación. El obispo escuchó su súplica y se puso en contacto con el convento de carmelitas descalzos que había ya restaurado en El Burgo desde donde enviaron a uno de sus sacerdotes con la idea de desarrollar esas funciones, y para ir trabajando en lograr restaurar la casa masculina carmelita en Soria.

El 7 de septiembre de ese año llegó a Soria el padre Claudio de Jesús Crucificado y durante cuatro meses tuvo que vivir en la hospedería de las monjas hasta que llegó su compañero, el padre Cecilio de la Orden del Carmen, con quien alquiló un piso frente a la iglesia. Ambos trabajaron para lograr su objetivo y a finales de 1938 el obispo de Osma Tomás Gutiérrez Díez autorizó la restauración de la antigua residencia en Soria de los carmelitas descalzos.

Suponemos que aquella refundación estaría erradicada en la vivienda particular arrendada pues la que había sido su casa junto a la iglesia, tras la desamortización había pasado al Ayuntamiento de Soria que la había dedicado a escuela y archivo si bien en aquella época estaba vacía, por lo que en 1939 los sacerdotes se dirigieron al Ayuntamiento interesándose en alquilar el caserón, lo que en su día veremos que lo consiguieron, así como la compra de lo que se les había quitado un siglo antes.


Patio del monasterio masculino del Carmen de Soria.
Imagen Alberto Arribas.



domingo, 6 de septiembre de 2020

06/09/1702: Diego de Cossío Bustamante, corregidor y mecenas.

El 6 de septiembre fue nombrado corregidor de Soria don Diego de Cossío Bustamante que lo fue durante poco más de un año, un breve pero fructífero periodo pues aún hoy se le recuerde ya que por su devoción y generosidad pudo culminarse la construcción y decoración de la ermita de San Saturio, entonces en plena fase constructiva y escasa de recursos, pues ofreció importantes fondos para la obra y para la adquisición del retablo lateral de la ermita que representa el descendimiento de la Cruz.

A finales de 1703 marchó de Soria para ocupar puestos políticos de mayor responsabilidad pero lejos de olvidar sus compromisos, nombró representantes para que en su nombre inspeccionaran el desarrollo de la obra y fueran abonando lo acordado.

La ciudad no olvidó aquel favor del mecenas y el pintor Juan Zapata destacó su nombre entre los principales donantes del templo, y probablemente también representaría su rostro en alguno de los que perfectamente dibujados aparecen pintados en el fresco de la cúpula que representa a San Agustín dictando su regla.


Ventana a los pies de la capilla de la ermita. En el paño superior aparecen unos personajes bien definidos, uno de ellos un pintor que pudo participar en la obra. Alguno de los restantes puede ser el de Diego Cossío.



 

sábado, 5 de septiembre de 2020

05/09/1572: Juan de Vinuesa y Beatriz de Beaumont.

En esta fecha, pocos días antes de morir, uno de los hombres más poderosos de Soria en su época tuvo que reconocer y acatar el derecho de la esposa a la mitad de los bienes gananciales del matrimonio, un reconocimiento sorprendente en una sociedad que imaginábamos tan machista y patriarcal como era la del siglo XVI, y conociendo las grandes posesiones del matrimonio, su poder político-social así como sus complicadas relaciones familiares, casi podríamos asegurar que aquel asunto sería el culebrón del verano en la Soria de 1572.

Juan de Vinuesa, oriundo de la localidad de Gallinero, es el ejemplo típico del rico ganadero con aspiraciones políticas pero sin pasado aristocrático que "a golpe de talonario", como decimos ahora, compró al rey un cargo político en el concejo de Soria que era como entonces se hacía carrera política. Completó su ascenso social casándose con una mujer de la nobleza –la navarra Beatriz de Beaumont– lo que le permitió ingresar en el selecto grupo nobiliario, y como además precisaba de un símbolo que representara la clase que tenía, se construyó un palacete en el lugar donde hoy está el Banco de España de la plaza de San Esteban, una casona austera al exterior pero de gran belleza y lujo interior.

El matrimonio no tuvo hijos aunque criaron a una hija extramatrimonial de él llamada Ana de Vinuesa, además del niño Juan Alonso de Vinuesa, un huérfano hijo de un hermano al que trató como un hijo incluso a la hora de heredar, o al menos lo pretendió. Al parecer doña Beatriz era una señora muy beata (fue la que acabó fundando el monasterio de monjas carmelitas de Soria) y manifestaría ya ese deseo desde temprano, algo que no contaría con el apoyo entusiasta de su esposo ni de su sobrino que decidieron ocultar a la esposa parte de la fortuna del matrimonio y evitar así que acabara en manos de la Iglesia.

Pero doña Beatriz no era tonta y acabó llevando a los juzgados a su esposo y sobrino por retener la parte de la fortuna que le correspondía como bienes gananciales, algo que finalmente tuvo que acatar el esposo tal día como hoy y que completó firmando unos días después su derecho a poder disfrutar de las casas principales que el matrimonio tenía en Gallinero, y Soria.

Juan murió y fue enterrado en la capilla mayor de la parroquia de Gallinero. Su sobrino Juan Alonso de Vinuesa heredó el Mayorazgo y los bienes del matrimonio que le correspondían a su tío, y aunque hay datos que indican que la relación con su tía Beatriz no fue buena, algunos años después ella acabó legándole la mitad de su fortuna, cediendo la otra a las monjas carmelitas a las que dotó y ayudo para que se instalasen en la casa palacio que ella había comprado en la plaza de las Fuentes Cabrejas.

Patio del palacio mandado construir por Juan de Vinuesa y Beatriz de Beaumont, en el solar ocupado por el banco de España. Imagen fechada hacia 1915 y atribuida a Tiburcio Crespo Palomar, JCYL AHPSo 733, colección archivo Carrascosa.



viernes, 4 de septiembre de 2020

04/09/1932: Ezequiel Solana Ramírez (1863-1932).

En esta jornada hablaremos de otro ilustre soriano cuyos méritos le hicieron merecedor de dar nombre a una calle en Soria pero cuyo recuerdo es para muchos bastante desconocido aunque llegó a ser una relevante figura entre la intelectualidad nacional de su época en la que brilló como publicista, humanista, poeta, periodista y sobre todo pedagogo, un maestro vocacional que según los que le conocieron, se dejó guiar por un modo de pensar regenerador condicionado por su profunda religiosidad católica de la que presumía con orgullo incluso cuando serlo no estaba bien visto.

Ezequiel nació en 1863 en Villarijo, un despoblado de la zona de San Pedro Manrique al que trece años antes Madoz había descrito como un pueblo de 32 vecinos, 130 habitantes y una “escuela de instrucción primaria frecuentada por doce alumnos a cargo de un maestro dotado con 25 fanegas de trigo”. Allí estudiaría sus primeras letras y pronto destacaría pues becado por la Diputación Provincial marchó a continuar sus estudios en Soria capital donde con 16 años obtuvo el título de maestro superior en la Escuela Normal de Maestros de Soria.

Destinado como maestro primero en Calatayud y después en Zaragoza, allí comenzó a estudiar Filosofía y Letras, mientras dirigía la revista “El Magisterio Aragonés”, y de donde se trasladó a Madrid para proseguir sus estudios universitarios al tiempo que dirige la Escuela número 1 de Madrid. Desde 1885 y junto con Victoriano Ascarza fue copropietario de la revista “El Magisterio Español”, una publicación profesional para maestros que dirigió hasta su muerte, y cuya editorial se dedicó a publicar libros y material pedagógico entonces escaso en España.

En 1908 recibió una primera beca de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) para estudiar la organización pedagógica de las Escuelas primarias de Francia, Suiza y Bélgica con el propósito de implantarlo y difundirlo por toda España, tarea que debó ser muy satisfactoria pues volvió a ser becado en otras dos ocasiones.

Fue autor de 63 libros de contenido pedagógico o aleccionador para el público infantil. Oficialmente jubilado en 1923, nunca dejó de trabajar hasta que la muerte le sorprendió tal día como hoy de 1932, y aunque no sabemos si regresó alguna vez a Villarijo su pueblo le honró dando su nombre a la plaza Mayor, lo que él correspondió regalándoles un reloj.

Aunque su nombre siempre ha sido recordado por los especialistas, volvió a hablarse de él en la década de 1980 cuando sus nietos Luis y Javier Solana Madariaga, destacaron en el círculo político de Felipe González, el primero como director de RTVE y el segundo como ministro de Educación, Cultura y presidente de la OTAN, una escasísima vinculación con Soria pero que le hizo ser la primera figura de alguno de los mítines socialistas celebrados en Soria durante aquella época.

Retrato de Ezequiel Solana Ramírez en la revista Escuela Española nº 1172,
10/04/1963, página 3, con motivo del centenario de su nacimiento.


jueves, 3 de septiembre de 2020

03/09/1380: Acuerdos de las Cortes de Soria.

Ayer comentamos una iniciativa que marginaba socialmente a los judíos y hoy lo haremos de otros acuerdos que les discriminaban o directamente les perjudicaban, unas decisiones que con el objetivo final de impedir la extensión de sus creencias, se adoptaron en unas Cortes celebradas en Soria y que deben ser el acontecimiento político más importante jamás celebrado en nuestra ciudad.

Gobernaba entonces Castilla el rey Juan I, un joven monarca que parece que tuvo una especial querencia con la tierra soriana pues aquí se casó cinco años antes y que gustaba de pasar largas temporadas disfrutando especialmente del deporte de la caza en la zona de Pinares, lo que en opinión de algunos historiadores fue la razón principal de celebrar las Cortes de Soria a partir de la segunda quincena de agosto.

Entre los muchos acuerdos y pactos adoptados en esas Cortes hay de todo: acuerdos diplomáticos con Portugal, ratificaciones sucesorias, exenciones fiscales para los frailes de la tercera regla de San Francisco o sobre los derechos de los hijos de los clérigos, pero sorprende que buena parte del tiempo, especialmente de los acuerdos aprobados en el día de hoy, se dedicó a regular con intolerancia las costumbres de los judíos castellanos a los que se les prohibió maldecir a los cristianos al entender que su religión lo ordenaba por lo que deberían eliminarlo de su Libro; se adoptaron medidas que prohibían el proselitismo religioso de un judío a un cristiano bajo pena de cárcel, pero no a la inversa pues la evangelización era considerada una virtud; aquellas Cortes también les impidieron desarrollar las muestras de dolor exageradas en los funerales según sus costumbres y limitó el tiempo que debía llevarse la ropa de duelo.

Algunas medidas adoptadas para todos los castellanos en general también tenían un claro matiz discriminador pues impedía que las cristianas criaran hijos de moros o judíos, y aunque se pretendió la segregación racial y apartarles en guetos, no sólo no se acordó sino que llegó a permitirse que los sirvientes judíos o moros pudieran morar con sus señores. Otro controvertido acuerdo fue aquel que las prohibía nombrar jueces para dirimir en sus pleitos y aunque al final se suavizó, se mantuvo el convencimiento de que los hebreos no tenían señorío ni libertad.

Otras medidas nos dejan entrever la situación discriminatoria que vivían en el día a día pues hubo que regular la prohibición de que los cristianos insultaran a los conversos a quienes se les acostumbraba a llamar marranos o tornadizos, pero lejos de hacerlo para que no se sintiesen ofendidos, el propio acuerdo aprobado dice que se disponía así para que los insultos no fueran un problema que les llevara a rechazar la conversión.

Retrato al óleo del rey Juan I de Castilla realizado hacia 1848 por Vicente Arbiol y Rodríguez, colección del Museo del Prado depositada en el palacio de las Cortes españolas.