lunes, 6 de enero de 2020

06/01/1790: El final del privilegio de los arneses.


Desde hacía muchos siglos (hay quien lo retrae hasta la época de Alfonso VIII pero no entraremos hoy a valorarlo) los caballeros sorianos tenían un extraño privilegio: “el de los arneses”, y que más o menos consistía en que cada monarca castellano durante el primer año de su reinado entregaba a los sorianos cien equipos de arneses o equipamientos completos para la guerra, es decir, "cien pares de Armas, Escudos, Capellinas, é Sillas", y con estas armas los sorianos se comprometían a servir a su monarca.
Ese privilegio fue permutado por la reina Isabel por algo mucho más práctico: el dinero que podían dedicar a conservar esas armas, adquirir unas nuevas o conservarlas adecuadamente, algo que durante siglos fue motivo de orgullo de los caballeros sorianos y que los conservaron en sus armerías como símbolo de su poder.
Finalmente, tal día como hoy de 1790, el rey Carlos IV cumplió con el viejo compromiso y entregó a los Doce Linajes 10.294 reales y 4 maravedíes, una ofrenda que sin saberlo acabó con toda una época ya que con el monarca desapareció este privilegio y que ya no se volvería a conceder.
Mientras tanto aquellos arneses medievales, que se habían conservado en mejor o peor estado durante siglos, perdieron interés y al final, convertidos en inútiles cachivaches y chatarra, fueron malvendidos a un chamarilero y que, sin saberlo, no compró unos trastos viejos a precio de saldo sino el orgullo de todo un pueblo.
Rueda de los Linajes según dibujo de Linajes Benigno de Diego en programa de fiestas de San Saturio 1978.


domingo, 5 de enero de 2020

05/01/1918: La farmacia Carrascosa abre sus puertas en el ensanche del Collado.


Según referencia el periódico El Avisador Numantino del 5 de enero de 1918, con 24 años de edad y recién doctorado en Farmacia por la Universidad Central de Madrid, el joven soriano Ignacio Carrascosa Ridruejo (1894-1965) regresó a su ciudad natal y traspasó el negocio de farmacia, droguería y perfumería de Enrique Ramírez Redondas, un local comercial que por aquel entonces se encontraba en el ensanche del Collado en la confluencia con la plaza del Rosel donde hoy se encuentra la mercería de Justo Ortega y donde permaneció hasta 1924, cuando se trasladó a su actual emplazamiento en la entones calle de Canalejas nº 72 y Collado nº 46.
Ignacio Carrascosa tiene motivos de sobra para ser reconocido en esta sección todavía después de más de un siglo, ya que su farmacia, óptica, ortopedia y droguería fue y sigue siendo una referencia comercial y que entra a formar parte de nuestra memoria colectiva. Pero más si cabe lo es por la iniciativa que tuvo de confeccionar una valiosísima colección fotográfica artística, monumental y costumbrista de la provincia de Soria que ponía a disposición de sus clientes como recuerdo turístico o para ilustrar muchas publicaciones sobre Soria. 
Hoy, gracias a la generosidad de sus hijos, constituye un fondo documental impagable que se encuentra legado y a disposición de todos los sorianos en el Archivo Histórico Provincial de Soria, permitiéndonos averiguar cómo fuimos.
Pero junto con la figura de Ignacio Carrascosa también hay que reivindicar la de Tiburcio Crespo Palomar, un muchacho que comenzó a trabajar de mozo en la farmacia de Ramírez y que al poco se convirtió en el fotógrafo de la mayor parte del álbum: “Archivo fotográfico Carrascosa”.
Probablemente el mejor homenaje que podamos hacerles en la actualidad sea el de reconocerles sus méritos, y no se nos ocurre mejor manera que cada vez que utilicemos sus imágenes, sobre todo en esta o estas redes sociales, indicar y recoger legítimamente su autor y procedencia, algo que nos gustaría se extendiese y se generalizase para todos los que ponen su arte a disposición de los demás.

Antigua farmacia de Carrascosa en su emplazamiento original del Ensanche.
Autor anónimo, tomada de la publicación de Tomás Pérez Frías Fotógrafos y fotografías (Soria 1860-1936), Soria 2013, ediciones de la Excma. Diputación Provincial.



sábado, 4 de enero de 2020

04/01/1811: El saqueo francés de Berlanga de Duero.


En pleno invierno y con sus tropas acuarteladas en Berlanga de Duero, la situación del brigadier Durán era un tanto delicada. Apenas un mes antes su milicia había sido derrotada en Torralba del Burgo cuando los hombres que comandaba Tapia huyeron de la batalla. Esto le sirvió para reconocer que sólo podía fiarse de sus propias fuerzas y, por tanto, intensificó las levas y entrenamientos. Así, por fin, pudo disponer de una potente VIª División formada por unos siete mil hombres y seiscientos caballos.
Los franceses tuvieron noticias del reagrupamiento militar que estaba logrando Durán en Berlanga de Duero por lo que, para detenerlo allí, mandaron al general Douvernet con cuatrocientos caballos y tres mil hombres. Pero Durán tuvo antes la posibilidad de huir y refugiarse con sus tropas en Molina de Aragón. Los franceses llegaron hasta una Berlanga de Duero desguarnecida y la tomaron sin problemas, e se entregaron a una campaña de saqueo y terror que culminó con la quema del palacio de los Duques de Frías, de otras casas señoriales y del archivo de la colegiata.

Fachada de palacio de Frías, único resto que quedó tras el incendio.
Dibujo de Isidro Gil en la “Soria” de Nicolás Rabal (1889).







viernes, 3 de enero de 2020

03/01/2000: El paso del fuego y las Móndidas, Bien de Interés Cultural.


Hace 20 años el Boletín Oficial de Castilla y León publicaba la orden por la que declaraba Bien de Interés Cultural las fiestas de San Juan de San Pedro Manrique, unas celebraciones que más que festividades al uso están dotadas de unos elementos rituales exclusivos que las hicieron merecer esa consideración. Quizá sea el Paso del Fuego el ritual más característico de estas fiestas, pero no es menos interesantes el papel de las Móndidas y su complejos trajes o sus cuartetas, o la Caballada y Descubierta que obliga a los concejales sampedranos a saber montar a caballo.
En cuanto a los orígenes de estos rituales, tanto se ha escrito que solo vamos considerarlo de pasada. Para algunos no hay duda que estamos ante un rito de origen precristiano, celtíbero como poco, que trata de rendir culto al Sol y al solsticio de verano mediante la pirobasia, que dicen los eruditos, o paso de las ascuas con los pies descalzos. Un ritual raro pero no exclusivo y que se sigue celebrando actualmente en otras culturas asiáticas y mediterráneas. Para otros, el pasado del fuego puede guardar alguna relación con las fiestas romanas que celebraban la fundación de la ciudad de Roma y el culto a la diosa ganadera Pales, unos rituales que se extendieron por el Imperio hasta estas Tierras Altas de Soria donde la presencia cultural romana está bien acreditada con muchos hallazgos arqueológicos, especialmente la base de la pila de agua bendita de la iglesia de Palacio de San Pedro que es un ara romana dedicada a esa deidad, e incluso las ofrendas de pastelitos y tortas a Pales recuerdan no sólo a los panecillos que portan las célebres móndidas en el cestaño, sino también a las tradicionales “corridas de roscos”, tan extendidas por toda la geografía del Camero Viejo soriano. En ese sentido, la propia caballada guarda cierto parecido con los actos festivos con los que se celebraban la fundación de Roma por Rómulo, costumbre de alguna forma vinculada con el culto a Pales y que se extendería hasta estas tierras celtíberas, llegando a pensarse que quizá ese rito llegara a celebrarse en la ciudad hoy conocida como Los Casares.
En cualquier caso y hasta que no surjan pruebas definitivas, no podemos desechar tampoco otras hipótesis menos académicas pero más pragmáticas como la que enunció el malogrado Carlos Álvarez en aquel criticado artículo de la Revista de Soria nº 10. Allí venía a reconocer su extrañeza porque este ritual no estuviese reseñado por ningún investigador hasta bien entrado el siglo XX, insinuando si el origen del paso del fuego no sería la “hombrada” de un grupo de mozos sampedranos que preparando la fiesta de la Caballada en su víspera y animados por el alcohol, comentaran y se atrevieran a llevar a la práctica lo que habían oído que hacía uno de Tudela.

El paso del fuego en 1935. Fotografía de José Casado recogida en el libro de Tomás Pérez Frías Gabinete fotográfico Casado. Soria (1887-1936). 50 años de fotografía y vida de Soria.
Ed. Diputación provincial de Soria, 2019.




jueves, 2 de enero de 2020

02/01/1883: Hace 137 años el Ayuntamiento de Sora estrenó su actual emplazamiento


La sede oficial del Ayuntamiento de Soria era entonces una parte del edificio que hoy es Centro Cultural Palacio de la Audiencia, y no faltan quejas que lo calificaban como un viejo caserón de condiciones insalubres y con muy poco espacio pues, además de las dependencias municipales con sus despachos y salas de juntas, sus muros acogían también las dependencias judiciales y la cárcel provincial.
Pese a que las competencias municipales no fuesen ni un parte de las que ahora se desarrollan, no cuesta imaginar que la necesidad de espacio físico era urgente y que se decidiera buscar otro emplazamiento para sede. El lugar elegido lo tenían nada más cruzar la calle en el antiguo palacio que había sido sede de la institución de los Doce Linajes, entonces vacío y sin uso, aunque en un estado de conservación poco adecuado.
Aquel traslado fue en principio provisional pues el caserón no era de su propiedad y requería grandes reformas. Se barajaron otros edificios, e incluso durante algún tiempo regresaron a la vieja Audiencia o se instalaron en algún palacete de la calle Caballeros. Pero las ventajas de la Casa de los Linajes y su belleza arquitectónica hicieron que al final se regresara y esa siga siendo nuestra casa consistorial.

Plaza Mayor de Soria hacia 1890. JCyL AHPSo nº 1148 archivo Carrascosa, autor desconocido.


miércoles, 1 de enero de 2020

01/01/154 a.C.: El papel de Numancia en que el Año Nuevo se celebre hoy.


El día de Año Nuevo es, más que una fecha singular en el calendario, un punto de inflexión en nuestras vidas en el que aprovechamos para romper con lo malo, hacer buenos propósitos y expresar nuestros mejores deseos para el resto de seres humanos. Pero, ¿por qué lo celebramos en esa jornada y no cualquier otro día? Pues, aunque la respuesta nos sorprenda, la razón la tenemos muy cerca y debe constituir un motivo de orgullo y reconocimiento para nuestros antepasados. 

Desde finales del siglo III a.C. la todopoderosa Roma había iniciado la conquista de la Península Ibérica. Pero no fue hasta el año 153 a.C. cuando fijó sus ansias expansionistas en la humilde Celtiberia de tierras áridas y poco productivas. Allí se encontraron con la feroz resistencia de aquellos bárbaros y, particularmente, con la población de Segeda que no quiso doblegarse. Roma trató de imponerse a la fuerza y para ocuparse de ello mandó treinta mil soldados al frente de Quinto Fulvio Nobilior. Al percatarse de la presencia de tan formidable ejército los segedanos lograron escapar de su ciudad y fueron a refugiarse a Numancia donde fueron recibidos como amigos y aliados. Roma no pudo consentir el desaire y declaró el comienzo de la campaña militar que ha venido a llamarse la Segunda Guerra Celtibérica. 

Para ocuparse de aquellos irreductibles celtíberos el Senado romano quiso enviar cónsules de reconocido prestigio. Pero había un problema: el nombramiento y juramento de los cónsules se producía el 15 de marzo durante la festividad religiosa de los Idus de marzo y, por tanto, el cónsul y su ejército llegarían a la Celtiberia al comienzo del verano, muy pocos meses antes de que regresara el mal tiempo a esa dura Celtiberia. Así que, para tener más tiempo de enviar tropas y preparar adecuadamente la campaña militar, el Senado romano decidió cambiar la fecha de la ceremonia del nombramiento del 15 de marzo, al 1 de enero. Esto obligó a modificar el calendario legal romano. Posteriormente fue adoptado como inicio del año por el calendario juliano (46 a.C.), y más tarde también asumido por el calendario gregoriano (1582). 

Postal de las ruinas de Numancia ediciones FITER hacia 1970.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

30/11/1811 ~ Crónica de la victoria que valió el ascenso de Durán y condecoración con la Cruz de Carlos III.

En esta jornada se produjo una de las batallas más importantes que acontecieron en la provincia de Soria durante la Guerra de la Independencia.

Un gran convoy francés que recorría la provincia saqueando dinero y comida se dirigía desde Caracena y Berlanga de Duero hacia Soria, atravesando la masa de pinar que sigue habiendo en la zona y en la que se habían emboscado las tropas de la VIª División de Durán. A eso de las once de la mañana y a la altura de Osonilla los franceses se detuvieron a comer en las afueras del pueblo y allí fueron sorprendidos por los españoles. Siguiendo el relato de varios autores, Durán dispuso el grueso de sus tropas por el lado norte para evitar que algún francés escapara a Soria para avisar y traer refuerzos, y ordenó el comienzo del ataque. Primero la Caballería española atacó el flanco izquierdo del convoy que fue repelida por una descarga enemiga y obligada a replegarse pero entonces los franceses fueron atacados por el flanco derecho por tropas de infantería que diezmaron las fuerzas invasoras que tuvieron que retirarse hasta Osonilla donde pensaban refugiarse pero antes de llegar fueron atacados otra vez por una carga de Caballería en la que participó el propio Durán que cargó tres veces contra el enemigo llegando a perder su caballo.

Tras unas seis horas de combate, a las cinco de la tarde se dio por terminado. El resultado fue una rotunda victoria para las tropas españolas que llegaron a causar un número de bajas muy elevado estimado por unos autores en 700 aunque otros lo elevan hasta 1.200. Al mismo tiempo, obtuvieron un gran botín de guerra formado por armas, pólvora, dinero, víveres y treinta caballos, además de 50 prisioneros entre los que había dos capitanes. Los vencedores tuvieron un número de bajas escaso, once fallecidos entre los que destacó el teniente de Caballería don Millán Lenguas. También hubo 22 heridos, se perdieron cuatro caballos y quince fueron heridos.

La victoria le supuso al Brigadier Durán el ascenso a Mariscal de Campo -una graduación militar que podría asimilarse a la actual de General de División- y fue condecorado con la Cruz de Carlos III, pero para los españoles supuso además un golpe fundamental para levantar su moral, a la par que minaba la de los franceses. También destacaron otros como los comandantes de Caballería Bartolmé Amor y Pisa, el de artillería Domingo Murcia, el del batallón de Rioja Juan Antonio Tabuenca, y muchos soldados que derrocharon valor. El ataque permitió además detener al traidor Manuel Ciria, que falleció en el ataque, y permitió liberar a Juan Félix Domínguez, miembro de la Junta de Defensa de Soria.

Monumento conmemorativo de la "Batalla de Osonilla" en Tardelcuende (Soria). Representa un soldado francés y un guerrillero soriano dándose la mano. 
Fuente foto: soria-goig.com