viernes, 21 de agosto de 2020

21/08/939: La batalla de Alhandega.

Hace unos días hablábamos de la batalla de Calatañazor y de la falta de certeza sobre su existencia real, y hoy hablaremos de otra acontecida en tierra sorianas cuya existencia alberga menos dudas pero que, pese a su gran importancia, ha pasado mucho más desapercibida en la historia, nos referimos a la batalla de Alhandega.

A primeros de agosto de este año las tropas del rey leonés Ramiro II se enfrentaron a las tropas cordobesas de Abd-al-Rahman III en la batalla de Simancas ocasionándoles una gran derrota y la huida del grueso de las huestes, lo que supuso una importantísima victoria en el proceso de la Reconquista. Las tropas cordobesas huyeron y se replegaron hacia el este pero las tropas cristianas de León y del conde castellano Fernán González les persiguieron, les localizaron y, el 8 de agosto según algunos cronistas o el 21 según otros, les alcanzaron en un lugar desconocido llamado por los cronistas árabes “Al Jandaq”, "Al-Handak", “Al-handega” o “Alhandega” (el barranco), sin más referencias geográficas que su cercanía a una ignota fortaleza llamada Castrobón. Allí los cristianos vencieron ocasionándoles un mayor número de bajas con lo que magnificaron aún más la fama de la legendaria batalla de Simancas, sobre todo por detalles anecdóticos como que el propio Abd-al-Rahman tuvo que abandonar apresuradamente su tienda de campaña donde los vencedores encontraron su Corán, así como el casco y la cota de malla hecha en oro.

El legendario emplazamiento de esta batalla fue olvidado durante siglos. Se pensó que estaba en tierras de Tormes, en Simancas o en Medinaceli, pero hace pocos años el investigador Gonzalo Martínez Díez y el arabista Chalmeta analizaron los textos del historiador árabe Al Muqtabis y con esa información calcularon la ruta que siguió el califa cordobés al huir de Simancas remontando el curso del Duero aguas arriba y cambiando la fecha al 21 de agosto. A falta de confirmación arqueológica, ambos identificaron sin lugar a dudas el camino de Simancas: la fortaleza de Castrobón en las inmediaciones de Fresno de Caracena, y la Alhandega de esta batalla, barranco junto a la localidad soriana de Tarancueña.

Grabado de la batalla de la Alhándega.
Fuente: 
kripteiamiliteshispanus.blogspot.com.es

miércoles, 19 de agosto de 2020

20/08/1266: Soria pasa a ser ciudad.

En la actualidad, la categoría de una población viene dada por el número de habitantes, lo que a su vez determina otros condicionantes como servicios, comunicaciones, variedad de viviendas, comercios, número de representantes políticos,… Con frecuencia estas poblaciones conservan sus catalogaciones anteriores de forma que Madrid, por ejemplo, es hoy la capital del reino, siendo villa, y Osma, una pequeña población, con la categoría de ciudad, pero en la antigüedad no era lo mismo ser aldea, villa o ciudad, y su cambio no lo determinaba el número de centros comerciales sino la decisión del rey o hasta del papa.

La población de Soria surgiría a comienzos del siglo XII como aldea o quizá ya directamente como villa al ser la población cabecera de una importante comunidad de villa y tierra aunque la población más importante en muchos kilómetros a la redonda era, sin duda, Osma y el burgo surgido en el entorno de la catedral, donde tenía su sede el obispado y, además, albergaba los restos de un santo, san Pedro de Osma, por lo que Soria, que ya era sin duda una población importante y puede que con más vecinos o interés político o estratégico, sentiría algo parecido a la envidia al creer que sería allí donde tendría que estar al sede del obispado, o mejor, que Soria con las aldeas de su Tierra se erigiera como sede de un obispo propio.

En esta situación, allá por la mitad del siglo XIII, un sacerdote de nombre Agustín fue nombrado obispo de Osma y aunque nada sepamos de su persona, podemos suponer que sería de Soria o le tendría una especial querencia pues sus actuaciones no fueron imparciales y trató de beneficiar a esta población con iniciativas como la de convencer al rey de Castilla Alfonso X, “el Sabio”, para negociar con el papa Clemente IV la conversión de la iglesia colegial de San Pedro de Soria en concatedral con la iglesia de Osma, así como la concesión del título de ciudad para la villa de Soria, algo que según algunos autores llegó a concederse el 20 de agosto de 1266, pero que no trascendió, pues realmente el paso de villa a ciudad tendrá que esperar algo más de un siglo y a concatedral no lo fue hasta mediados del siglo XX.

Entonces, ¿se trata de un error? Puede ser, pero en cualquier caso de un error malintencionado pues antiguamente era relativamente frecuente inventarse historias, falsificar documentos o hasta árboles genealógicos que sirvieran como pruebas o argumentos de proyectos sin más consistencia que su falsedad. El problema ha sido que aquellos cronicones y documentos falsos no fueron destruidos y siglos después acabaron siendo antiguos de verdad, lo que les dio una cierta verosimilitud y aprovechamiento por personas que por ignorancia o por interés chovinista, los emplearon como justificación de un pasado glorioso irreal.

Esta reflexión ¿nos recuerda alguna situación del presente?

Traseras de la concatedral de San Pedro en 2006, el corazón de Soria en el siglo XIII, autor Alberto Arribas.
Traseras de la concatedral de San Pedro en 2006, el corazón de Soria en el siglo XIII, autor Alberto Arribas.

martes, 18 de agosto de 2020

19/08/1625: El Santo Cristo de los Olmedillos.

El 19 de agosto de 1625, el maestro cantero Sancho de la Riva firmó el contrato para realizar la obra de cantería de la iglesia parroquial de Olmedillos, hoy un despoblado ubicado junto a la granja del mismo nombre ubicada en término de Velilla de la Sierra.

“Olmediello”, en singular, fue una de las aldeas de la Tierra de Soria que aparece en el censo de Alfonso X de 1270, y que debió despoblarse a finales del siglo XV. Como muchos otros términos, fue ocupado ilegalmente por algunos caballeros sorianos que trataron de apropiarse de sus recursos, algo que correspondía a todos los vecinos de la Tierra de Soria. Sin embargo los “okupas” resultaban ser lo más granado de la sociedad de la época con responsabilidades jurídicas y políticas, por lo que, aunque la justicia les obligaba a abandonar aquellos territorios, en la práctica nadie les obligaba al cumplimiento de la sentencia y, en una gran mayoría, este y otro muchos términos acabaron pasando a manos de los poderosos que aprovecharon su terreno para la explotación agrícola y ganadera, construyendo como en este caso un importante granja que llegó a estar poblada por hasta 27 personas.

Sin embargo, y aunque no puede generalizarse a todos los casos, a menudo los usurpadores permitían el uso de los antiguos templos parroquiales que adquirieron la condición de ermita, celebrándose procesiones, rogativas y concordias en las que participaban los vecinos de los pueblos de alrededor.

Ese aparece que fue el caso de la antigua parroquia de los Olmedillos que acabó siendo una sencilla ermita bajo la advocación del Santo Cristo de los Olmedillos, una construcción de mampostería y sillar, de una sola nave dividida en tres tramos por fajones de medio punto sobre pilastras, y cubierta por lunetos y arista. Se accede a la capilla mayor a través de un arco triunfal de medio punto y se cubre con cúpula sobre pechinas. En el lado del Evangelio, junto a la capilla mayor, se abre un recinto cubierto por lunetos, y en el lado contrario se abre la portada formando un cuerpo saliente de sillar con arco de medio punto y gran óculo, por el que se accede a un ingreso situado a los pies de la iglesia con puerta igualmente de sencillo arco de medio punto moldurado entre escudos cuartelados en cruz con árbol, bandas, lises y veros. Espadaña a los pies de sillar, tres cuerpos y tres vanos.

Contiene destacados retablos barrocos, aunque las imágenes y elementos artísticos de valor han sido trasladados para evitar hurtos, y alberga también otros tesoros de interés más antropológico que artístico pues se guardan piernas y brazos de cera, coletas, trenzas o muletas,… exvotos que nos hablan de otra forma distinta de entender la fe y la devoción.

Vista de la capilla mayor desde el coro, autor Alberto Arribas.


lunes, 17 de agosto de 2020

18/08/1559: El papable Diego Laynez.

Tal día como hoy de 1559, falleció el papa Pablo IV y, conforme a las normas canónicas, se convocó el correspondiente cónclave del Colegio Cardenalicio que sería uno de los más largos de la historia pues la falta de acuerdo lo alargó hasta finales de año, y es que la discrepancia era tal que incluso llegaron a ofrecerle el papado a alguien que no era cardenal, algo inédito e inusual pero posible.

Fue una tarde de primeros de diciembre cuando el cardenal Otto Trusches, con el beneplácito del resto de cardenales, hizo llamar al adnamantino Diego Laynez, entonces uno de los más destacados teólogos del orbe católico, con la excusa de que les ayudase a resolver un problema de esa índole. Al entrar en las dependencias, probablemente la Capilla Sixtina, algunos cardenales le ofrecieron abiertamente que aceptase el reto de ser nombrado papa a lo que el de Almazán respondió huyendo apresuradamente, pero, pese a su negativa y al hecho de no ser cardenal, llegó a obtener doce votos, sin duda el punto más alto al que ha llegado la carrera eclesiástica de un soriano.

Escultura de Diego Laynez en su emplazamiento original de la plaza Mayor de Almazán.
Imagen de autor desconocido en Revista de Soria nº 15, primera época, 1971.

domingo, 16 de agosto de 2020

17/08/1664: Fray Pedro de Godoy, obispo de Osma.

Tal día como hoy de 1664, el sacerdote y fraile dominico Pedro de Godoy, catedrático de Teología en la Universidad de Salamanca, fue propuesto candidato al obispado de Osma, cargo pastoral que aceptó y que pudo compaginar con sus labores culturales como filósofo especializado en la obra de Santo Tomás de Aquino, llegando a editar su propia obra, las “Disputationes Theologicae”, una serie de siete volúmenes que imprimió (1668) en el taller que instaló en el propio palacio episcopal donde hizo llamar a unos impresores. Años después, en 1672, fue promovido al vecino obispado de Sigüenza donde permaneció hasta su fallecimiento.

Como con otros prelados de El Burgo de Osma, a través de la documentación que existe sobre sus visitas pastorales, podemos comprobar su faceta caritativa si bien a diferencia de otros, no se le reconoce como promotor de grandes obras artísticas o monumentales que le hagan ocupar un lugar meritorio en el episcopologio oxomense, y sólo en ámbitos muy concretos de la disciplina tomista se le tiene en consideración por sus aportaciones en el tiempo que fue obispo de Osma.

Retrato de Pedro de Godoy en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando,
pintado por Salvador Maella a finales del siglo XVIII.

sábado, 15 de agosto de 2020

16/08/1633: Brujos y curanderos en Soria.

Aunque el asunto de la brujería y la Inquisición resulte un tema interesante y sobre el que han corrido ríos de tinta -a menudo destacando o exagerando los detalles morbosos-, en la provincia de Soria son pocos los procesos que conocemos sobre procesamientos a brujas y, aunque los más conocidos sean los de Baraona, también hubo otros y a uno de ellos hoy nos vamos a referir.

En el archivo del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Cuenca (Berlanga pertenecía a la diócesis de Sigüenza y ésta dependía del Tribunal de Cuenca) se guarda el expediente del proceso nº 6.257 titulado «proceso fiscal de las bruxas de Verlanga» que trata de una denuncia por un supuesto caso de brujería. Según la documentación, ante Francisco Zapata, escribano público de número y notario por autoridad eclesiástica, en marzo de 1635, compareció libremente el sastre Juan García, natural de Gómara donde residió algún tiempo pero actualmente vecino de Berlanga de Duero, para descargar su conciencia y denunciar un posible caso de brujería.

Según el testigo, se encontraba residiendo en Gómara el 16 de agosto de 1633 cuando sus dos hijos, un niño de cinco años y una niña de cuatro meses cayeron enfermos, por lo que recurrió a los servicios de Miguel Monzón, un sillero de Soria que recorría los pueblos para realizar su oficio pero que tenía fama de curar los males de ojo con pócimas y oraciones. El sillero se presentó en el domicilio confirmando el origen del mal, santiguó a los enfermos y rezó por ellos para a continuación pronosticar que la niña moriría pero que el niño mejoraría a partir de la una de la noche después de gritar “padre sáqueme de aquí que me mata la bruja”. El pronóstico se cumplió y la familia acabó emigrando a Berlanga donde los remordimientos del padre, hábilmente abonados por los predicadores, le hicieron confesar.

El proceso siguió su trámite y la Santa Inquisición de Cuenca encomendó las pesquisas al comisario licenciado Pedro de la Cal y al notario Francisco Calderón. Los dos, el segundo tenía su domicilio en Gumiel de Izán, partieron de allí hacia Soria (20 leguas) en septiembre de 1639 para tomarle declaración. El denunciado fue detenido e interrogado. Aseguró llamarse Miguel Monzón, tener 35 años de edad y desconocer las razones por las que se le tomaba declaración. A las preguntas de los inquisidores negó tajantemente haber realizado sanaciones contra el mal de ojo pero afirmó haber curado las heridas de algunas personas mediante hierbas del campo, vino y aceite, según había aprendido en Madrid durante su época como soldado, y que lo hacía cuando podía creyendo que así servía a Dios.

Ante esta declaración y en ausencia de otras pruebas, los inquisidores decidieron sobreseer la denuncia y dar el caso por archivado.

“Corrección” Capricho de Goya nº 46,
supuestamente inspirado en escenas brujeriles de la provincia de Soria, concretamente de Baraona.


viernes, 14 de agosto de 2020

15/08/1936: La masacre de Badajoz.

En este sección nos gusta rememorar gloriosas victorias o actos heroicos llevados a cabo por sorianos, cuya memoria recordamos con orgullo, pero en la historia también ha habido personajes cuyas actuaciones y recuerdo nos avergüenzan, y, aunque nos gustaría no tener que hacerlo, no podemos ni debemos olvidarlos, pese a la controversia que generan.

En la noche del 14 al 15 de agosto, el teniente coronel sublevado Juan Yagüe Blanco, natural de San Leonardo, en su calidad de responsable al mando de las unidades militares que tomaron por la fuerza la ciudad de Badajoz, fue responsable directo por dar la orden, o indirecto por permitirla, de una de las tragedias más importantes cometidas en la Guerra Civil, el asesinato de unas dos mil personas en la plaza de toros de Badajoz, el cinco por cierto de la población, en su mayor parte humildes campesinos sin formación, simpatizantes de la causa obrera que les prometía pan, pero también había concejales de pueblo, sindicalistas, maestros, afiliados a partidos de izquierdas o simplemente sospechosos de serlo. Nunca se sabrá el número definitivo de víctimas pues, aunque algunas fuentes basadas en testimonios de periodistas extranjeros, elevan esa cifra incluso a cuatro mil, otras han apuntado que ¡qué barbaridad, que no fueran tantas! y las han rebajado a “sólo” unas 1.200 las asesinadas, eso sin incluir a los que cayeron durante el combate en la toma de la ciudad. Los responsables de aquella matanza declararon que actuaron por venganza pues, tras el Alzamiento del 18 de julio, sectores afines a la República habían torturado y asesinado en Badajoz a varias personas por su condición religiosa o por ser simpatizantes de los sublevados, aunque al final y conscientes de la barbaridad, fueron muchos los que se retractaron y simplemente acabaron negando la tragedia.

De no haber testigos, la matanza probablemente habría sido negada y calificada como un suicidio colectivo o un accidente pero, al ser dada a conocer en el extranjero por periodistas internacionales, el suceso causó el disgusto de los generales sublevados (Franco entonces todavía no había sido aclamado generalísimo), no tanto por las víctimas sino por la mala impresión que les causó a esa imagen que ofrecían de salvapatrias, por lo que parece que dispusieron el cese de actuaciones semejantes que pudieran tener gran trascendencia mediática.

Respecto al papel de Yagüe, es cierto que no se ha encontrado una evidencia física y objetiva de haber dado la fatal orden, aunque hay que recordar que este personaje afín a las tesis más duras del Nazismo, calificaba a Franco de débil y pusilánime por lo que una decisión como aquella tampoco sería de extrañar. Pero, en cualquier caso y aunque Yagüe no la hubiera dado, igualmente seguiría siendo el responsable de la tropa que la cometió.

Desgraciadamente aquella no fue la única ni la última matanza de la Guerra Civil pues habría más, como las de Paracuellos del Jarama o las de la Cárcel Modelo de Madrid, y que se quedarían empequeñecidas al estallar la Segunda Guerra Mundial en la que todos los integrantes de la contienda cometieron matanzas indiscriminadas

Hitler a la izquierda frente a Yagüe, con gafas.
Imagen de Asociación Recuerdo y Dignidad,
tomada de 
badajozylaguerraincivil.blogspot.com