domingo, 22 de marzo de 2020

21/03/1739: La construcción de la torre de la catedral.


Aunque la catedral burgense sea uno de los elementos más característicos de la villa es, sin duda, su monumental torre campanario, la “Giralda de Castilla” la llamó algún escritor, el elemento más reconocible de la villa, algo que no ha sido siempre así pues, pese a que la catedral sea muy antigua, su torre es relativamente reciente, del siglo XVIII.
Anteriormente la catedral también tenía su torre encima de la capilla del Rosario y, hacia 1729, estaba en tan mal estado que se decidió construir una nueva. Pero había un problema, el de siempre, que no había recursos para una nueva por lo que el cabildo de la catedral ideó varias propuestas y proyectos que siempre resultaban inasumibles y, ante esto, no tuvieron más remedio que destinar los escasos fondos disponibles para reparar y parchear la vieja torre.
        Algunos obispos habían prometido costear las obras con su propio bolsillo pero, ante la envergadura del proyecto que pretendía el cabildo, las cuentas no salían y se retiraban, logrando en algunos casos enfrentamientos con los canónigos. Y llegó el momento en el que aquella torre antigua no admitía más reparaciones y acabó desmoronándose. Era entonces obispo don José Pedro Yáñez de Barnuevo quien se negó a cooperar con el Cabildo para construir una nueva torre ya que prefería destinar ese dinero a paliar la gran hambruna que había entonces en el obispado.
        El obispo Yáñez de Barnuevo falleció y fue sustituido por Pedro Agustín de la Cuadra y Achiga (ascendiente del conocido periodista recientemente fallecido Miguel de la Cuadra y Salcedo) quien, ajeno a los problemas anteriores y desconociendo la situación del obispado, entendió que toda catedral que se precie no podía carecer de torre campanario por lo que, tras analizar los recursos disponibles, entendió que si quería torre tendría que pagarla él. Esta decisión la trasladó a los canónigos del Cabildo, tal día como hoy de 1739, iniciándose las obras pocos meses después, siguiendo los planos que ya había presentados anteriormente el arquitecto José de la Calle.
        La obra duró muchos años, sobre todo debido a que se acabaron los reales, pero con la ayuda del propio Pedro Agustín, incluso cuando fue promovido y abandonó El Burgo, y de sus sucesores, las obras pudieron proseguir, quedando inauguradas en 1767, y dotada de reloj en 1783.

Torre de la catedral de El Burgo de Osma (Soria).
Imagen de Kurt Hielscher publicada en revista “La Esfera” 08/03/1924,
de la colección de Tomás Pérez Frías.


viernes, 20 de marzo de 2020

20/03/1913: Los orígenes del Museo Numantino.


Desde algunos años antes de la construcción del museo, las excavaciones arqueológicas de Numancia habían permitido sacar a la luz gran cantidad de piezas antiguas de gran valor lo que originó un importante problema de espacio y aunque desde el principio se habló de construir un “Museo de Numancia” en el mismo yacimiento, las valiosísimas piezas desenterradas se almacenaban en unas condiciones que hoy provocarían que nos echáramos las manos a la cabeza.
En 1908 se decidió inaugurar, en unas salas de la Diputación, un primer “Museo Numantino” que más que un museo era una exposición, casi un almacén repleto de estanterías con objetos dispuestos a la contemplación del público, y que, ya antes de inaugurarse, se quedó pequeño por lo que el senador Ramón Benito Aceña se planteó la construcción de un nuevo edificio. Pero, conociendo como él conocía el problema de los fondos públicos, particularmente para la cultura, parece que, en 1911, decidió que si quería ese museo para Soria tendría que pagarlo de su bolsillo.
        Tras estudiar las diferentes posibilidades y emplazamientos, como el de construirlo en Garray, finalmente decidió hacerlo en la capital, y con planos, memoria y proyecto bajo el brazo, tal día como hoy de 1913, don Ramón presentó su proyecto al Ayuntamiento de Soria en el que ofrecía construir a sus expensas un Museo Numantino, siempre y cuando que el consistorio local cediese una parcela de 3.480 metros cuadrados en paseo del Espolón.
        En un tiempo récord, ¡al día siguiente!, los miembros del Ayuntamiento de Soria aceptaron verbalmente el ofrecimiento y, aunque los concejales comenzaron a poner pegas sobre si era mejor aquí o allá, en esta ocasión reconocieron la importancia del plan y le dieron el correspondiente trámite, que oficialmente se aceptó un mes después, iniciándose los trabajos de replanteo del terreno en junio de ese mismo año.

Recorte, correspondiente al paseo del Espolón (Soria), de la imagen aérea de José Ortiz Echagüe tomada desde un globo cautivo el 20 de noviembre de 1910.
Imagen de la colección del Centro Cartográfico y Fotográfico del Ejército del Aire y recogida por Tomás Pérez Frías en su publicación “Fotógrafos y fotografías (Soria 1860-1936)”, Soria 2013, ediciones de la Excma. Diputación Provincial.


jueves, 19 de marzo de 2020

19/03/1944: Raoul Otlet Linden, un soriano de Bélgica.


En esta fecha falleció Raoul Otlet Linden quien pese a sus orígenes podía presumir de ser más soriano que el mismísimo San Saturio.
Raoul fue hijo del empresario belga Édouard Otlet Dupont, una especie de magnate de los ferrocarriles europeos de finales del XIX y principios del XX, que se interesó por la explotación de los ferrocarriles sorianos y que en esos momentos se contemplaban como un servicio público prometedor y una rentable empresa. La familia al completo se afincó en Soria y, aunque la abandonaron al cabo de unos años (entre ellos Paul, una especie de visionario de las telecomunicaciones que ya ideó en el primer tercio del siglo XX lo que hoy es internet), Raoul (Ingeniero Civil por la Universidad de Lovaina, especialista en Mecánica del Suelo, radiestesia y recursos hídricos) no quiso regresar a Francia y Bélgica donde su familia poseía palacios, e incluso una isla privada en el mediterráneo junto a Saint Tropez, y prefirió quedarse en estas duras tierras cambiando las playas mediterráneas por las del Soto Playa. Y esto no es algo metafórico pues fue uno de los principales impulsores del proyecto de transformar en un lugar de ocio junto al río lo que antes había sido viveros.
        Plenamente integrado en la vida social de la ciudad, fue el autor de la fotografía de la “Cara del Santo” (1916) que adornaba una de las salas de la ermita de San Saturio hasta hace unos años; vicepresidente del comité organizador del primer concurso de belleza de la Mujer soriana (1921); fundador y vicepresidente del Stade Soriano (1923); asesor de Industria del Consejo de Industria y Comercio de Soria; promotor de diversos sondeos mineralógicos en la provincia de Soria que le permitieron descubrir yacimientos de piedra para la elaboración de cementos, minas de asfalto en Fuentetoba y Cidones; autor del estudio publicado Nuevas Industrias que pueden implantarse en la provincia de Soria (Imp. Las Heras); promotor y organizador de ferias agrarias; vocal del Consejo Provincial de Turismo; promotor, actuando él mismo como radioestesista hidrólogo, de varias prospecciones hidrológicas que permitieron a muchos pueblos de la provincia tener captaciones de agua corriente.
        Precisamente cursando uno de estos trabajos en Serón de Nágima, fue cuando, a los 67 años de edad, se vio afectado por una congestión cerebral (hemorragia cerebral) que le causó la muerte el 19 de marzo. Trasladado su cadáver a Soria, recibió velatorio en el Ayuntamiento con todos los honores y enterrado en el cementerio de El Espino con presencia de las autoridades provinciales y numeroso público que acompañó al finado y a su hermano. Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, sus restos fueron exhumados y trasladados al panteón familiar de Blanquefort, en la Gironda francesa.
        Raoul fue, en definitiva, uno de esos sorianos que demuestran que no se es de donde se nace sino de donde se pace, alguien que dejó muy buen recuerdo como hombre simpático y amable dispuesto a echar una mano a cualquiera.
Certificado de defunción de Raoul Otlet Linden.
Imagen tomada del artículo de Carles Escalada: «Bosquejo biográfico del “zahorí” Raoul Otlet Linden» en Revista de Soria 2ª época nº 96 2017.



miércoles, 18 de marzo de 2020

18/03/1371: Privilegios del clero agredeño.


El celibato sacerdotal en la Iglesia Católica no es un dogma de fe, más bien es una norma interna impuesta a quienes voluntariamente quieren ser sacerdotes y dedicarse plenamente al servicio de su comunidad. Originalmente a los primeros sacerdotes no se les exigía renunciar al matrimonio, pero pronto comenzó a ser una situación más que impuesta, aconsejable, hasta que en los concilios de Letrán, siglo XII, se impuso pero con poco rigor. Así, en el medievo castellano y particularmente en la historia propia de la provincia de Soria, abundan las normativas, privilegios o prerrogativas que permitían a los clérigos legitimar a sus descendientes legítimos o que nos insinúan que muchos llevaban esa norma muy relajadamente.
        Uno de estos casos lo comentaremos en el día de hoy. Estando en Sevilla el rey de Castilla Enrique II, el 18 de marzo de 1371, (un tipo que, por mucho rey que fuera, se solidarizaría con los afectados ya que él mismo era bastardo), allí confirmó uno de los privilegios otorgados por su hermano Pedro I unos años antes en el que se contemplaba el derecho de los clérigos agredeños a reconocer como legítimos, con todos los efectos legales, a los hijos que hubieran tenido con mujeres solteras. El matiz del estado civil de la madres es importante pues algunas normas algo posteriores, como los acuerdos tomados en las Cortes de Soria de 1380, sugieren que aunque se consintiera el hecho de que muchos clérigos sin casarse tuvieran hijos, se consideraba escandaloso que los tuvieran con mujeres casadas o prostitutas, prohibiéndose, en estos casos ilegítimos, que pudieran heredar.
        Este problema trató de solucionarse en el Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI, imponiendo el celibato obligatorio de los sacerdotes aunque es bien conocido que el problema, más que arreglarse, sólo se ocultó, casi siempre con muy poco éxito. Y es que, por muchos siglos de existencia que llevamos a nuestra espalda, en el fondo el ser humano apenas ha cambiado y sus necesidades siguen siendo las mismas hoy que hace mil años.

Plaza Mayor de Ágreda en 1920.
Foto José Casado, archivo de la familia Arijita, cedida a Tomás Pérez Frías y recogida en su publicación “Fotógrafos y fotografías (Soria 1860-1936)”, Soria 2013, ediciones de la Excma. Diputación Provincial.


martes, 17 de marzo de 2020

17/03/1979: El nuevo estadio deportivo de la Junta de los Ríos.


A falta de unas instalaciones adecuadas en la capital, desde 1974 el Club Deportivo Numancia celebraba sus encuentros deportivos en el campo de San Juan en Garray. Pero los aficionados se quejaban de que el equipo local debía jugar sus partidos en Soria capital, no en la provincia, algo que también secundaban las autoridades y los sectores empresariales de la ciudad.
Para solucionar el asunto, el entonces alcalde, Domingo Hergueta, tomó uno de sus últimos acuerdos y, el 17 de marzo de 1979, ofreció al Consejo Provincial de Deportes unos terrenos municipales junto al cruce de la carretera de Fuentetoba con la de Burgos, en el emplazamiento donde después estuvo el Centro de Investigaciones Forestales de Valonsadero. La opinión pública soriana no acababa de ver con buenos ojos un estadio tan cerca de Valonsadero y, finalmente, se decantó por otro emplazamiento en la zona de la Junta de los Ríos, donde se proyectó y presupuestó la construcción de un campo deportivo de veinticuatro hectáreas de extensión que costaría 120 millones de pesetas (unos 720.000 euros) y que pagarían la Federación Española de Fútbol y la Diputación de Soria en un porcentaje de 40/60% respectivamente, accesos a parte, y que correspondería pagar al ICONA o a la Diputación.
        A falta de aprobar los flecos de última hora, el consistorio cambio de signo y el equipo de José Luis Liso propuso un nuevo emplazamiento en terrenos privados, en la zona entonces deshabitada de Los Pajaritos, que también era llamado “El Barranco de la Muerte”, proyecto que no sin problemas salió adelante, y fue inaugurado en 1989.

Rincón de la Junta de los Ríos (Soria). Autor Alberto Arribas.


lunes, 16 de marzo de 2020

16/03/1922: Homenaje a don Antonio Zozaya.


Antonio Zozaya y Zou (1859–1940) fue un famoso abogado, escritor, periodista y poeta madrileño muy reconocido en los círculos literarios y periodísticos nacionales de su época que pasó parte de su infancia y adolescencia en Soria. Aquellos años parece que le causaron una grata impresión pues, desde que comenzó a escribir en la prensa nacional casi a la par que el siglo XX, rara era la columna, artículo o escrito en el que no se deshiciera en elogios hacia las tierras soriana y sus habitantes.
El pleno municipal del Ayuntamiento de Soria, de 16 de marzo de 1922, adoptó, entre otros, el acuerdo propuesto por los directores de Noticiero de Soria, Avisador Numantino, Porvenir Castellano y La Voz de Soria, de mostrar oficialmente su cariño y gratitud a don Antonio Zozaya "por el interés y la simpatía con que ha tratado en la prensa española los asuntos de esta ciudad y rindiendo un tributo de justicia a su preclaro ingenio, por unanimidad acordó nombrarle hijo adoptivo de esta capital", e incluso llego a proponerse cambiarle el nombre de la calle Zapatería y darle el del periodista, algo que finalmente no prosperó. El homenajeado aceptó gustoso el homenaje y que finalmente se celebró el día de San Saturio de 1924. Pero ese honor aún daría mucho que hablar.
        Hombre comprometido y valiente, Zozaya fue un firme defensor de la Segunda República y no escondió sus críticas a los sublevados durante el golpe de estado de 1936 por lo que, en septiembre de 1937, el Ayuntamiento pro franquista de Soria le retiró el título honorífico en base a "la campaña periodística que viene realizando en favor de los rojos", algo que, muchos años después del fallecimiento del interesado, fue subsanado cuando, el 26 de noviembre de 2015, la corporación soriana adoptó el acuerdo de restituirle el título de Hijo Adoptivo.
        Se puede afirmar que en la década de los años veinte, sobre todo, Zozaya era uno de los columnistas más leídos de las revistas españolas (La Esfera, Mundo Gráfico,…) y que, salvando las distancias, su caso podría ser algo parecido a los de Julián Marías o Fernando Sánchez Dragó. Zozaya no dudó en mojarse para salvaguardar la dignidad de Soria, como cuando, a consecuencia de la muerte accidental del torero Nacional II, la prensa en general calificó a los sorianos de bárbaros homicidas. Zozaya fue prácticamente el único que salió a defender públicamente a los sorianos a los que consideraba un pueblo culto y afable.

Retrato de Antonio Zozaya de autor desconocido en la revista ilustrada
“Mundo Gráfico” marzo de 1912.


domingo, 15 de marzo de 2020

15/03/1232: Fundación de la ermita de Nuestra Señora de Olmacedo en Ólvega.


Una tradición repetida a lo largo de los siglos, pero que no hemos podido constatar documentalmente, afirma que, en 1657 y durante unas obras de rehabilitación realizadas en la ermita de la Virgen de Olmacedo, se encontró un documento que fechaba la bendición de la ermita el 15 de marzo de la Era 1270 (1232), si bien Juan Antonio Gaya Nuño, en su estudio sobre el “Románico en la provincia de Soria”, opinaba que las características constructivas del templo podrían fecharse antes, por lo que quizá la ermita aprovechó los restos de una construcción anterior. Otra posibilidad que se ha apuntado es que la ermita fuese la antigua parroquia de un despoblado de tradición oral llamado Olmacedo.
Como toda imagen de la Virgen, sus orígenes se explican en forma de leyenda, en este caso con dos variantes. Una de ellas dice que la imagen de la Virgen se apareció milagrosamente a dos pastorcillos, llamados Juanico y Pedro, sobre un olmo en el lugar donde luego se construyó la ermita, aunque otra leyenda afirma que la ermita, que también fue originalmente un pequeño convento de los monjes cistercienses de Fitero, quisieron llevársela allí, pero tras el viaje la imagen desapareció y reapareció milagrosamente en las ramas de un olmo, por lo que desde entonces se le llamó la Virgen de Olmacedo.
        Actualmente la ermita se encuentra a unos dos kilómetros de Ólvega, en dirección a Noviercas, emplazada en un privilegiado lugar en el que, hasta hace poco, crecían abundantes olmos, lo que debió de ser así en la antigüedad y la razón por la que se dio nombre al lugar. Se trata de una ermita del románico rural, construida en piedra de mampostería con una nave cubierta por cañón apuntado, dividida en cinco tramos por arcos fajones, con dos capillas laterales, a modo de crucero, cubiertas con bóveda de cañón apuntado en eje paralelo al de la nave, y una capilla formada por tramo presbiteral cuadrangular cubierta con cañón apuntado y ábside semicircular con bóveda de horno que lleva un retablo mayor barroco de finales del XVI o principios del XVII. Este contiene la imagen de la Virgen titular en el camarín, rodeada de cinco pinturas que representan escenas de la vida de Cristo y de San Bernardo.

Capilla mayor de la ermita.
Foto de autor desconocido, tomada de olvega.es