sábado, 7 de marzo de 2020

07/03/1980: Los órganos de las iglesias declarados BIC.


El Real Decreto 782/1980, de 7 de marzo, sobre protección de instrumentos musicales de carácter histórico-artístico, firmado por aquel ministro Ricardo de la Cierva de tan infausto recuerdo en Soria, declaraba la protección de "los órganos e instrumentos musicales afines instalados en forma permanente en edificios declarados monumentos históricos-artísticos se considerarán consustancialmente con éstos y formando parte de los mismos", disponiendo también que su mantenimiento, tanto en traza exterior y arquitectura como en su parte musical y técnica, sólo podrá llevarse a cabo por personal capacitado y autorizado.

Dicho real decreto también se comprometía a la elaboración de un catálogo e inventario de esos instrumentos musicales, algo que en Soria se encargó de realizar posteriormente José Ignacio Palacios Sanz, autor de la publicación: “Órganos y organeros en la provincia de Soria” (Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria. Colección Temas Sorianos nº 25, Soria 1.994). 
Es uno de esos libros que un buen amante de Soria y de la música no puede dejar de leer aunque, con toda seguridad, su lectura puede llevar al desánimo más absoluto pues, pese a la protección de la que disfrutan estos instrumentos, lejos de mejorar la organería en Soria desaparece un poco más cada día.

Órgano de la segunda mitad del siglo XVIII en la iglesia de Santa María, en Yanguas.
Autor: Alberto Arribas.


viernes, 6 de marzo de 2020

06/03/1591: Los arneses: renovar o morir.


En estos momentos, quizá la época dorada de la institución de los Doce Linajes, cuando se calcula que unos quinientos hidalgos de la Tierra de Soria pertenecían a ella, los nobles caballeros estaban radicalmente divididos. La armería o sala de los arneses, que constituía el orgullo de la institución, albergaba entonces unas trescientas piezas ente "arneses, sillas y capellinas" que eran, ya entonces, armas antiguas, y alguna de las cuales tenían más de cien años, y las más se encontrarían en un estado regular pues su mantenimiento exigía ciertos cuidados. Suponemos que muchos caballeros pensaban que el peligro de tener que servir al rey en batallas contra los musulmanes o aragoneses quedaba ya en el recuerdo, y que aquellas lanzas y espadas poco podrían hacer contra los arcabuces y modernas armas de fuego, poco dignas entre caballeros.

        El 6 de marzo de 1591 algunos caballeros solicitaron a la Junta de la Diputación de los Arneses cursar una visita oficial a la sala donde se custodiaban, evidenciando que muchas armas y pertrechos de guerra estaban en mal estado o eran inservibles. Ante esta situación se inició un tenso debate entre los que entendían que el dinero, que a cambio de ese privilegio les habían entregado los monarcas desde la época de los Reyes Católicos, debía destinarse a mantenerlas o adquirir unas nuevas, y entre los pensaban que el dinero sería más útil para desempeñar los fines propios de la institución, entre ellos la asistencia social de los más desfavorecidos.
        El asunto no pudo solucionarse con el diálogo y al final hubo que recurrir al Consejo Real para que dictase sentencia. Y esto ocurrió siete años después, decidiendo que… Bueno, esto ya lo veremos otro día.

Rueda de los Linajes en una Carta Ejecutoria de 1598 guardada en el Archivo Histórico Municipal de Soria. Imagen de José Ignacio Esteban Jáuregui tomada de su artículo "Los Doce Linajes de Soria. Las ruedas de los escudos".


jueves, 5 de marzo de 2020

05/03/1446: Las disputas económicas del clero.


Como toda organización donde hay dinero por medio, la Iglesia Católica no ha estado exenta de polémicas y situaciones en las que da la impresión de que lo que prima no han sido tanto sus fines evangelizadores y el servicio a los creyentes como el enriquecimiento de sus dirigentes o de la propia organización para destinarlo a la construcción de nuevos y fastuosos templos. Para que nadie nos acuse de anticlericales, haremos hincapié que también hemos visto, y veremos, lo contrario, el desprendimiento de muchos clérigos y obispos ejemplares que prefirieron vivir realmente sus votos de pobreza repartiendo sus riquezas entre los que presentan necesidades materiales mucho más que las espirituales.

Hoy hablaremos de los primeros ya que, en estos mediados del siglo XV, volvieron a surgir los mismos viejos conflictos por el reparto de los diezmos. En este caso entre los curas del Cabildo de San Pedro y el Obispado de Osma pues, aunque los primeros percibían los diezmos y rentas de las heredades anejas a la iglesia de San Polo, el obispo oxomense, Roberto Moya, consideraba que la iglesia era de su dignidad y que debía recibir los diezmos él o el canónigo Juan Martínez, a quien había concedido sus derechos el 5 de marzo de este 1446.
        Desconocemos el detalle de las negociaciones pero cabe suponer que las cosas continuaron igual ya que, poco después, consta el hecho de que a cambio de esas rentas los sacerdotes del Cabildo de Soria se comprometieron a rezar tres misas al año por la salud de los obispos de Osma.

Iglesia de San Polo hacia el primer tercio del siglo XX.
Fuente foto: JACYL AHPSo nº75, archivo Carrascosa, autor desconocido.


miércoles, 4 de marzo de 2020

04/03/1953: El palacio de los Río y Salcedo en la plaza de San Clemente.


Tal día como hoy de 1953 la Comisión Provincial de Monumentos de Soria propuso la declaración como monumento histórico del palacio de los Río y Salcedo de la plaza San Clemente y Aduana Vieja, una propuesta que llegó dos meses después de que la iglesia de San Clemente cayera derribada más que por culpa de la piqueta, por los intereses urbanísticos que no veían una iglesia románica sino la cantidad de metros útiles que podrían construirse allí.

        El palacio de los Río y Salcedo es un edificio de estilo plateresco que, respetando in situ los elementos más notables, fue restaurado hace pocos años y destinado a ser la sede del Archivo Histórico Provincial de Soria.
        En cuanto a sus orígenes su promotor fue Alonso de Río y Salcedo, en 1549, un soriano de orígenes gallegos, enriquecido con la ganadería trashumante y hermano de Francisco, quien a su vez inició las obras de lo que hoy conocemos como palacio de los Condes de Gómara.
        Además de su uso residencial por la familia promotora, el caserón fue temporalmente convento de clarisas, cuartel de la Guardia Civil, local de cuadrilla de las fiestas de San Juan y el no menos importante de almacén de bebidas de los bares cercanos.
        A finales de la década de 1970 su estado era lamentable. Por dentro no se veía, pero por fuera la fachada había perdido algunos de sus relieves; muchos sillares se encontraban tan erosionados y agrietados que se habrían desprendido a no ser por los toscos parches de cemento y ladrillo que decoraban su fachada y que se alternaban con cables eléctricos, carteles publicitarios pegados y manchas de humedad en sus paredes, especialmente en el rincón de la Telefónica en las noches de verbena. Pese a estar declarado como Monumento Histórico, constan algunos intentos de derribarlo para construir un nuevo edifico residencial en el que se integrasen algunos elementos destacados como la famosa ventana esquinera.
        Pero, afortunadamente, la sensibilidad sobre la protección del Patrimonio no era la misma que treinta años antes y, en 1980, el palacio, ya en estado de ruina avanzado, fue adquirido a sus propietarios por el Colegio de Arquitectos de Soria que planeaba reconstruirlo como sede oficial, si bien ocho años después acabaron vendiéndolo al Ministerio de Cultura y que, desde 1993, fue destinado a su uso actual como archivo.

Fachada del palacio con indicación de las partes erosionadas o perdidas.
Imagen del Informe preliminar sobre el estado de conservación de la fachada, realizado por técnicos del Ministerio de Cultura en 1989.


martes, 3 de marzo de 2020

03/03/1526: Autorización para la construcción de la colegiata de Berlanga de Duero.


Desde que Íñigo Fernández de Velasco y su esposa María de Tovar fueron nombrados Condestables de Castilla y Duques de Frías, comenzaron un profunda renovación de la villa de su señorío, Berlanga de Duero, iniciando la reconstrucción del Castillo, la construcción de un nuevo palacio para su residencia, y de un nuevo templo digno de su categoría.

        Había por esos años diez parroquias en la villa, una cantidad ya exagerada en ese momento, y todas de carácter más bien humilde, por lo que consiguieron permiso del Papa para construir una nueva iglesia dedicada a Santa María del Mercado, entonces un edificio en las faldas del cerro del Castillo en mal estado, que sufría muchas humedades, y elevarlo a la categoría de colegiata con un abad al frente.
        Con objeto de obtener piedra para la construcción del nuevo templo y rentas suficientes, solicitaron al obispo de Sigüenza, de quien entonces dependía la villa, permiso para derribar esas diez viejas iglesias, recuperar sus rentas y beneficios, y unificar todo el servicio pastoral en un único y nuevo templo, autorización que, en forma de bula, fue firmada tal día como hoy de 1526.
        Pocos días después comenzó el derribo de las viejas iglesias y en unos meses ya se colocó la primera piedra de la colegiata que fue construida y bendecida en poco más de cuatro años. Aunque, bien es cierto que el proyecto original de Juan de Rasines quedó inconcluso ya que ni el claustro ni la segunda torre llegaron a construirse.

Retablo mayor de la colegiata durante una visita organizada por la Asociación de Amigos del Museo Numantino y guiada por Francisco Javier Domingo Gamarra, autor de la Guía de la Colegiata. Foto: Archivo Asociación.


lunes, 2 de marzo de 2020

02/03/1844: Subasta del convento del Carmen.


Con objeto de ofrecer atención espiritual a las monjas, los frailes carmelitas se instalaron en la capital un sigo después de que se Santa Teresa de Jesús fundase el convento femenino pero, más que monasterio, desde el principio fue más bien un sencillo hospicio ocupado por un reducido número de frailes que ni siquiera tenían capilla abierta al público. Posteriormente, hacia mediados del siglo XVIII, comenzaron a construir un edificio de piedra en el lado nordeste de la iglesia aprovechando el solar de la antigua iglesia de Nuestra Señora de Cinco Villas y parte de sus ruinas que serían aprovechadas en la nueva fábrica, entre ellas la que fue su portada que se mantiene como acceso principal a esta casa, dando la iglesia e instalaciones inauguradas en 1776.

        La desamortización de Mendizábal (1836) obligó a los monjes carmelitas descalzos a abandonar su casa en Soria, aunque la expulsión no fue efectiva y durante algunos años se quedaron asistiendo espiritualmente a las monjas, concretamente hasta que su edificio fue subastado tal día como hoy de 1844. Según el Boletín Oficial de la venta de Bienes Nacionales, el hospicio del Carmen era un edificio de 691 varas cuadradas superficiales, con cuatro pisos y que se tasó en 25.564 reales.
        El caserón fue comprado por el comerciante soriano y secretario de la Sociedad Económica Numantina, don León Perlado, quien se lo adjudicó por 25.560 reales con la intención de que esa Sociedad instalase allí una escuela de párvulos que funcionó dirigida por aquella sociedad hasta 1861, fecha en la que se hizo cargo el Ayuntamiento de la ciudad convirtiendo el edificio después en escuela mixta, y dedicando otra parte a Archivo Histórico Municipal.
        Prácticamente desde que los frailes fueron expulsados de forma definitiva, las monjas carmelitas iniciaron gestiones para que se les adjudicara a ellas el edificio y que los frailes regresaran. Pero tuvo que pasar casi un siglo hasta que, en septiembre de 1937, sus oraciones fueron escuchadas y los frailes carmelitas pudieran regresar a Soria, instalándose primero en un piso alquilado cercano y después en su emplazamiento original de la plaza del Carmen que era entonces propiedad municipal. Allí los frailes siguieron pagando un alquiler al Ayuntamiento de la ciudad y, en 1947, pudieron volver a comprar lo que les había sido expropiado en 1835.

Imagen del Sagrado Corazón en el jardín de los frailes carmelitas de Soria en 2017.
Autor: Alberto Arribas.


domingo, 1 de marzo de 2020

01/03/1906: Supersticiones y creencias en pleno siglo XX.

Los saludadores fueron una especie de curanderos-sanadores de antaño que a base de escupitajos principalmente trataban de curar enfermedades de animales y personas, aunque sobra decir que principalmente eran pícaros y estafadores de poca monta que con mucha palabrería enredaban a sus clientes tratando de sacarles los cuartos a los desesperados, algo muy típico en la antigüedad cuando la enfermedad era un proceso desconocido atribuido a las supersticiones o a los castigos divinos, pero conforme la ciencia fue avanzando la existencia de estos personajes fue desapareciendo por lo que resulta muy extraña la persistencia de uno de ellos en los inicios del siglo XX, algo que sobe todo nos informa de la forma de pensar en algunas zonas rurales.


        El 1 de marzo de 1906 el alcalde de Valdanzo dio parte en el Gobierno Civil de Soria de la existencia de un caso de rabia en el asno del molinero del pueblo y la Junta Local de Sanidad ordenó sacrificar el animal e incinerarlo, pero el dueño omitió esa precaución y recurrió a los servicios de un saludador ambulante que, evidentemente, no curó al animal y puso en riesgo la vida de las personas y de los animales. Dicho personaje fue denunciado por intrusismo y faltas graves contra la salud pública y, aunque la prensa de la época lo califica como un embaucador que se aprovechaba "de las gentes sencillas e inocentes, haciéndoles creer en ocultos secretos que él posee para curar", la noticia es un revelador indicio que nos lleva a pensar sobre la ignorancia y supersticiones en muchas zonas rurales de Soria, más si se tiene en cuenta que la efectividad terapéutica de estos personajes era siempre nula.


Vista general de Valdanzo (2014).
Fotografía de David López en google.es/maps