jueves, 20 de febrero de 2020

20/02/1691: Un olvidado primer ministro soriano.


A los 54 años de edad, el 20 de febrero de 1691, murió en Madrid Juan Francisco Tomás Lorenzo de la Cerda Enríquez Afán de Ribera Portocarrero y Cárdenas, político y noble grande de España, nacido en Medinaceli (1637) que ostentó lo siguientes títulos: VIIIº Duque de Medinaceli, VIIº Marqués de Cogolludo, IVº Marqués de Alcalá de la Alameda, VIº Duque de Alcalá de los Gazules, IXº Conde de Los Molares, IXº Marqués de Tarifa, y VIIIº Conde de El Puerto de Santa María.
            Hombre cercano a la Corte, marchó a residir a Madrid donde ocupó varios cargos de confianza de Carlos II llegando a ser: Gentilhombre de Cámara, valido del rey, sumiller de Corps, Caballerizo mayor, presidente del Consejo de Indias, capitán general, consejero del Consejo de Estado y del de Guerra. Sin embargo, si por algo se le recuerda, es por su nefasta política económica como primer ministro de Carlos II en una dura época en la que, mientras la Corte derrochaba en lujos y guerras, el pueblo sufría los desastres navales, hambrunas, epidemias, sequías y malas cosechas. Unas circunstancias que el medinense no supo o no pudo solucionar pues fue el responsable de una devaluación monetaria que llevó al colapso de precios, al acaparamiento de granos y a la bancarrota. Todo ello provocó diversas revueltas que determinaron su dimisión y posterior destierro, en 1685.
            Política aparte, también se le reconoce porque donó a los trinitarios de Madrid un solar que tenía junto a su palacio madrileño, en el que los frailes construyeron una capilla para alojar una imagen de Jesús Nazareno que pronto, con el nombre del Cristo de Medinaceli, se convirtió en una de las devociones más castizas de Madrid, y cuya imagen sus devotos consideran como la más milagrera de la villa. Los descendientes en el Ducado de Medinaceli se encargaron de promover la devoción al Nazareno y, es posible, que fueran ellos los encargados de llevar esa imagen a varios pueblos, entre ellos Medinaceli y Almazán, donde el Nazareno tiene su propia ermita.
Retrato suyo por Claudio Coello en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.



martes, 18 de febrero de 2020

19/92/2002: Declaración de Rello como BIC.


Rello es una pequeña villa ubicada al sur de la provincia de Soria y situada sobre lo alto de un cerro flanqueado por las hoces formadas por el río Escalote y otro arroyo afluente. Constituyó, en la Edad Media, un plaza fortificada para la defensa de la línea del Duero, una característica estratégica y militar que ha condicionado su peculiar estructura urbana. Morfológicamente, el núcleo se estructura en forma de «T», con un eje fundamental que es la calle que une el castillo y la iglesia, espacio en el que se integra la plaza Mayor, y cortado transversalmente por un eje Norte-Sur por el que se penetra en el núcleo desde una de las puertas de la muralla. Paralelamente a la calle principal se trazan dos calles que desarrollan un circuito perimetral, de ronda, junto a la muralla. La villa tiene un castillo, murallas, puertas y el famoso rollo de hierro, pero sobre todo se caracteriza por ese urbanismo, que en general ha sabido mantenerse desde antiguo, permitiendo al visitante que pueda evocar sin dificultad como sería la vida en la Edad Media o imaginarse, como un soldado, haciendo la ronda por el adarve.
            Pese a su monumentalidad, Rello es uno más de los muchos pueblos de Soria que sigue siendo todavía un gran desconocido para el turismo en general, a quien le cuesta desplazarse a esa zona del sur de la provincia, pero para los sorianos no hay duda de que siempre estará en nuestra lista de pueblos favoritos.
            Todos esos encantos hicieron que tal día como hoy, de 2002, el Boletín Oficial del Estado recogiese la publicación que declaraba Bien de Interés Cultural a la villa en su conjunto, dando fin así a un expediente que se había iniciado treinta y un años antes.
Excursión a Rello de la Asociación de Amigos del Museo Numantino en 2015. Archivo.


18/02/1992: "A rey muerto, rey puesto".

Tras varios tratamientos inefectivos, los sorianos tuvimos que rendirnos a la evidencia y reconocer que nuestro Árbol de la Música había muerto víctima de la grafiosis. Aunque hubo algunas propuestas de mantenerlo artificialmente, que enseguida se desecharon, prácticamente, desde el principio, se pensó en sustituirlo por otro. A finales de enero de 1992 el viejo olmo fue retirado y transformado en llaveros o pisapapeles encerrados en una cápsula de metacrilato. Pero sobró madera y con ella se hicieron algunos muebles que disfrutan algunos privilegiados.
            Su sustituto fue colocado tal día como hoy, un roble joven de sesenta años procedente del monte Valonsadero que, aunque al principio parece que arraigó, no pudo resistir el trasplante y cinco años después fue retirado y sustituido por el actual.

Templete del Árbol de la Música tras ser retirado el viejo olmo.
Fotografía de Ana Isla en Soria Semanal febrero 1992



lunes, 17 de febrero de 2020

17/02/1836: Nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer.


En este becqueriano año 2020, en el que celebraremos el 150 aniversario del fallecimiento de los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano, es preciso hacer mención a otras referencias biográficas de estos hermanos cuya genialidad también se inspiró o acrecentó en nuestros paisajes.

            El 17 de febrero de 1836 nació en Sevilla un niño llamado Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, que será un reconocido poeta y narrador del movimiento del Romanticismo bajo el nombre de Gustavo Adolfo Bécquer. Probablemente sea uno de los autores más populares de la literatura hispana. Sus padres, José María Domínguez Insausti y Joaquina Mª Bastida y Vargas, tuvieron ocho hijos pero, aunque murieron cuando Gustavo apenas tenía doce años, comenzaron a inculcarles una valiosa educación que se continuó después con los parientes que se hicieron cargo de ellos. El padre, un pintor de cierto renombre en su época, recuperó el apellido Bécquer de un antepasado que acudió a Sevilla en el siglo XVIII
            Con 18 años Gustavo Adolfo marchó a Madrid para desarrollar su carrera literaria pero, lejos de ese ambiente bohemio y amable con el que a veces se ha descrito la vida cultural del Madrid de mediados del XIX, la ciudad le resultó fría y hostil, más pendiente de las revueltas políticas de la época que de las artes. Quizá este contexto acrecentó más su carácter solitario y taciturno y que, en parte, se paliaría al año siguiente con la llegada a la villa de su hermano el pintor Valeriano Bécquer, su imprescindible alter ego, alguien con quien tuvo una profunda relación más allá de la fraternal y que permitió a ambos derrochar creatividad. Gustavo comenzó a colaborar en la prensa de la época y poco a poco fue haciéndose un nombre propio que, aunque apenas le permitía vivir miserablemente, le facilitaba el escribir poesía, historia, libros de artes, narraciones, teatro,…
            En marzo 1861 se documenta la presencia de Gustavo Adolfo en Soria, donde su tío Curro residía y ejercía como médico, remitiendo cartas y escritos desde la casa familiar de la plaza de Herradores. Además de la relación familiar con su tío, parece que algo tendría que ver su relación amorosa con Casta Esteban que, aunque se conocieron en Madrid donde ambos residían, su familia pasaba temporadas en la casa de Noviercas. Los dos se casaron en Madrid el 19 de mayo de este año y, a los pocos meses, comenzó a publicar sus primeras leyendas sorianas en el periódico El Contemporáneo.
            De la presencia de Bécquer en la capital soriana apenas hay noticias que lo confirmen, pero sí de sus largas estancias en la casa familiar de Noviercas donde nacieron los hijos de la pareja. También Valeriano pasó en Soria algunas temporadas, lugar este que le inspiró para crear alguno de sus cuadros y dibujos más conocidos.

            Poco a poco iremos conociendo algunos acontecimientos que relacionan a Bécquer con Soria y, particularmente, con Noviercas, donde vivirá grandes pasiones y desencuentros con Casta.

Placa homenaje a los hermanos Bécquer en el edificio original de la plaza de Herradores donde residieron y que fue destruido por un incendio en 1922.
Fotografía de José Casado, tomada del libro de Tomás Pérez Frías “Gabinete fotográfico Casado. Soria (1887-1936). 50 años de fotografía y vida de Soria”. Ed. Diputación provincial de Soria, 2019.


domingo, 16 de febrero de 2020

16/01/1844: Subasta del convento de la Concepción.


Uno de los muchos conventos y monasterios que ha habido en Soria capital a lo largo de los siglos fue el convento femenino de la Inmaculada Concepción, que ocupaba parte del solar del actual colegio de las Escolapias y cuya fachada oriental correspondería, más o menos, al medianil entre el colegio y los edificios del Espolón números 10 y 12. De este convento se conserva el monumental arco de la portada que, desmontado y reubicado, luce hoy en el acceso al cuartel de la policía municipal de Soria.

El monasterio fue fundado en el siglo XVI por el capitán y conquistador de Indias Francisco de Barrionuevo, un noble soriano enriquecido en aquellas tierras, que legó una importante cantidad de dinero en su testamento para la fundación de este convento en el que sólo habría diez monjas concepcionistas. Su dedicación se centraba en las labores propias de su condición religiosa, y en atender y cuidar en sus necesidades básicas a los hidalgos pobres, especialmente los de su linaje, los Barrionuevo o Barnuevo. En la práctica, esas instalaciones se convertían en una especie de 'residencia de la tercera edad' para nobles venidos a menos. Es posible que con el tiempo cambiase o ampliase sus fines pues, en protocolos notariales del siglo XVII, se refieren gastos que ocasionaban los colegiales que vivían en esas dependencias.

            Sabemos que, su iglesia disponía de suntuosos retablos y una capilla funeraria de la familia del fundador, que el monasterio se incendió en 1667 y, que fue reconstruido y reocupado por monjas hasta el final de la Guerra de la Independencia cuando fue parcialmente destruido por los españoles para evitar que, si los franceses regresaran, pudieran hacerse fuertes en él. A partir de este momento los investigadores ya no se ponen de acuerdo. Unos dicen que en ese momento las monjas lo abandonaron para siempre, y otros que regresaron, lo reconstruyeron y lo perdieron con la Desamortización de Mendizábal. Las ruinas del convento y su solar (hoy Escolapias) fueron tasadas en treinta y nueve mil reales, cantidad por la que, tal día como hoy, fueron adjudicadas al comerciante soriano León Perlado.

            Las ruinas del convento se encontraban en una parte privilegiada de la ciudad por lo que se pensó en reconstruirlas para usos militares, pero nada se hizo. El edificio acabó desmoronándose del todo y su solar destinado a cuadras de animales, muy útil por la cercanía al mercado y por las ferias celebradas en sus inmediaciones; al rastro o mercado de las carnicerías de la ciudad; e, incluso, fue el lugar donde se instalaba la parada de sementales del Ejercito, una especie de centro de inseminación ganadera de carácter itinerante.

            Posteriormente el solar del convento fue destinado al colegio de las Escolapias y el campo del mercado, que se extendía hasta el Museo Numantino, empleado para parque de bomberos, ferias, y, finalmente, para construir el edifico residencial del Espolón nº 10.

Vista del Espolón y del Campo de las Concepciones desde la terraza de la Caja de Ahorros hacia 1974. Autor foto: Salvador Vives Soriano, JCYL AHPSo 29865, fondo Vives.


sábado, 15 de febrero de 2020

15/02/1444: Hinojosa de la Sierra se disgrega de la Tierra de Soria.


La reina de Castilla, doña María de Aragón, esposa de Juan II, disfrutaba, además de esa dignidad como esposa del rey, del título de Señora de Soria, razón por la que en 1440 decidió eximir una pequeña porción del territorio de la jurisdicción de la Tierra de Soria, Hinojosa de la Sierra, para recompensar al aposentador real don Rodrigo Vera, un miembro del linaje soriano de los Chancilleres. Doña María de Aragón quería recompensarle por "los muchos y leales servicios que nos avedes fecho y facedes de cada día a el Rey mi Señor y a mi", y por ello la soberana excluyó de la jurisdicción de la Tierra de Soria el lugar de "Finoxosa de la Sierra vos fago merced donación con todos los vasallos que en el son y viven y serán y vivirán de aquí adelante para siempre jamás".

            Fue doña María de Aragón una mujer de carácter, que poco tuvo que ver con el prototipo de abnegada esposa y reina consorte que se limita a saludar y sonreír, más bien fue una mujer de estado que participó activamente en decisiones políticas y que incluso le enfrentaron a su esposo, como es el caso que nos ocupa.
            Los vecinos y autoridades sorianas no acataron esa decisión real temiendo que esa segregación en el corazón de la Tierra fuera el primer paso para acabar perdiendo la dependencia real que disfrutaban y pasar a depender de un señor. Por ello, iniciaron una serie de negociaciones con la reina, que no transigía, y con el rey que acabó cediendo a la solicitud de los sorianos en tal día como hoy, de 1444.
            La situación, sin embargo, no fue definitiva y, aunque llegó a enfrentar a la pareja real, Hinojosa de la Sierra fue durante algún tiempo villa eximida.

            Una observación. En esta misma sección, hace cuatro años, escribimos erróneamente que con Hinojosa de la Sierra se eximieron otras aldeas y lugares desgajados de la Tierra de Soria, pero la lectura del documento original fue errónea y entendimos que incluía todas esas aldeas cuando en realidad las indicaba como referencias geográficas para ubicar el lugar de la donación. Como rectificar más que de sabios es sobre todo de justicia, volvemos a ofrecer este texto con las indicaciones que hace unos meses nos hizo un lector, error que lamentamos evidentemente pero que a la vez nos sirve como estímulo pues nos permite comprobar el seguimiento de esta sección incluso mucho tiempo después de haberlo colgado en la página de la asociación en facebook. Muchas gracias.

Visita al Castillo de Hinojosa de la Sierra
 organizada por la Asociación de Amigos del Museo Numantino en 2018.
Fotografía: Alberto Arribas.


viernes, 14 de febrero de 2020

14/02/1591: La antigua parroquia de San Millán.


En el día de hoy de 1591, y tras haberlo solicitado sin obtenerlo dos años antes, el Cabildo de San Pedro instó al obispado de Osma permiso para derribar la ermita de San Millán, una de las famosas 35 colaciones de la ciudad, y que esta vez le fue concedido.

            Tras la repoblación de Soria de 1119, los colonos se establecieron, en lo que viene a ser el perímetro amurallado de la ciudad vieja, en 35 pequeños barrios independientes o colaciones que surgirían en torno a una iglesia o parroquia y que haría funciones más allá de las meramente religiosas. Con el tiempo aquella organización social fue evolucionando, la población se unificó y muchas de aquellas parroquias se dejaron arruinar sin que sepamos, con seguridad, la ubicación concreta de algunas de ellas.
            Una de aquellas antiguas parroquias que dio nombre a su colación fue la de San Millán, un santo tradicionalmente asociado con la devoción de los pastores, dato este que puede darnos una pista sobre el origen de sus pobladores o bien, tampoco sería descartable, que procedieran de alguna población con parroquia a ese santo o, incluso, que procedieran de la zona próxima al monasterio de San Milán de la Cogolla, cenobio con alguna presencia en Soria por aquella época.
            Aunque no se ha podido confirmar arqueológica ni documentalmente su ubicación concreta, se ofrecen dos posibles: una, hacia el final de la calle de San Vicente, entre el actual camino de San Ginés y el barrio de la Cruz; y otra, en la ladera del Mirón por la zona de San Pedro, al fondo del barranco donde finaliza la calle de Santa Apolonia.
            Tras la desaparición de la parroquia de San Millán, sus propiedades pasaron a la de Nuestra Señora del Azogue, que dos siglos después también fue eliminada y absorbida por de San Pedro. Aquí fueron a parar muchos de sus objetos litúrgicos, entre los que se recogen: una campana, una imagen de Santa Apolonia, y otra imagen muy milagrosa y de gran devoción entre los sorianos conocida como la Virgen de San Millán. La propia piedra de esta vieja parroquia fue reutilizada para construir la torre campanario de la hoy concatedral.

Torre de la concatedral de San Pedro con la piedra de San Millán en su fábrica.
Fotografía A. Arribas.