lunes, 13 de enero de 2020

13/01/1976: Soria Nuclear No.


Aunque los orígenes de este proyecto surgieron en el gobierno de la dictadura, las primeras noticias sobre la nuclear de Lubia se conocieron a partir de hoy. Un plan que al principio se vendió como una oportunidad de desarrollo sin precedentes para la provincia de Soria y que no podíamos dejar escapar.
El periódico de tirada nacional ABC, de 13 de enero de 1976, informó que el nuevo centro de investigación nuclear que pretendía construir la Junta de Energía Nuclear (JEN) entre Soria y Almazán preveía invertir en una primera fase 573 millones de pesetas (unos tres millones y medio de euros) de los que 193 correspondían a infraestructuras y 300 millones a instalaciones de laboratorios, plantas-piloto y reactores, si bien en una segunda fase, que se estimaba a partir de 1979, se invertirían 4.293 millones de pesetas, casi 25 millones de euros.
Sobre su ubicación en Soria informaba que se debía a la conveniencia de emplazarlo en una zona poco desarrollada pues así contribuiría a su desarrollo ya que se estimaba que la construcción daría trabajo de 500 a 1.000 personas y que a pleno funcionamiento daría trabajo a 600 personas de carácter técnico y mucho más personal auxiliar, lo que se incrementaría a partir de la segunda fase. Además, estimaban que en el Colegio Universitario de Soria se impartirían nuevos estudios universitarios y relacionados con la energía nuclear.

Como es bien conocido, aquel proyecto lo paró el pueblo soriano que se opuso radicalmente a ese chantaje y, aunque otros proyectos recientes nos han puesto en una situación no tan peligrosa pero con cierto parecido, queremos hacernos una reflexión: hoy, en plena democracia, ¿sería posible un movimiento ciudadano de oposición a un proyecto similar?

        Recorte de prensa no referenciado, probablemente de Soria Semanal, de una manifestación antinuclear en 1977.


domingo, 12 de enero de 2020

12/01/1990: Concha de Marco, en sangre y verso.


Ayer evocamos el recuerdo de un gran hombre y hoy lo haremos de una gran mujer que quizá quedó ensombrecida por la enorme figura de su esposo. Tal día como hoy de 1990 las cenizas de la poetisa soriana Concha de Marco, esposa de Juan Antonio Gaya Nuño y fallecida unos meses antes, fueron depositadas en el cementerio de El Espino de la capital.
María de la Concepción Gutiérrez de Marco, que era su nombre real, nació en Soria en 1916. Hija de un inspector de policía pronto marchó a Madrid donde vivió y se licencio en Ciencias Naturales por la Universidad Central. Aunque si la conocemos es sobre todo por su faceta poética y, claro, por ser la esposa de Juan Antonio a quien conoció en 1935 y con quien se casó unos meses después, el 16 de julio de 1936. Sobra decir que apenas disfrutaron una luna de miel pues los tristes acontecimientos que padeció este país afectaron a su familia de una forma terrible. Su suegro fue fusilado y su esposo tuvo que incorporarse al Ejército republicano para defender el sistema legítimo, lo que casi le costó una pena de muerte que fue conmutada por una dura prisión. Tras la liberación de Juan Antonio, las cosas no fueron fáciles para los vencidos ni para sus familias y Concha tuvo que dedicarse a traducir al español libros del francés y del inglés, tarea que compaginaba con la de escribir libros infantiles y ensayos como el que dedico a “La mujer española en el romanticismo”, aunque destacaría sobre todo con sus poemarios: “Hora 0´5”, “Diario de la mañana”, “Acta de identificación”, “Congreso en Maldoror”, “Tarot”... Pero, sin duda, su mayor logro y motivo de reconocimiento fue ceder a los sorianos su legado familiar, los archivos, pinturas, obras de arte, fotografías y su biblioteca. Un legado cultural incalculable custodiado en su día por Caja Duero y que, tras algún tiempo cerrado, parece que vamos a poder seguir disfrutando, esta vez tutelado por FUNDOS.
Para terminar una recomendación, no dejéis de leer el libro de José María Martínez Laseca: “Concha de Marco en carne y verso (Soria, 1916 - Madrid, 1989)", editado por el Ayuntamiento de Soria en 2018, donde comprobaremos que, pese a crecer a la sombra de su esposo, Concha tiene motivos de sobra para tener su propio espacio en esta sección o incluso para tener una calle con su nombre.


Juan Antonio Gaya Nuño y Concha de Marco hacia 1936 delante de la muralla de Ávila. 
Imagen incluida en un artículo de José María Martínez Laseca en Revista de Soria nº 84.



sábado, 11 de enero de 2020

11/01/1906: El sencillo homenaje de un pueblo a su sabio.


Un día como hoy de hace 114 años los vecinos de Torrearévalo dedicaron a uno de sus hijos, Julián Sanz del Río, el título de Hijo Predilecto.
Julián Sanz del Río es, admitámoslo, uno de esos sabios reconocido y alabado en las enciclopedias pero al que en Soria apenas se conoce, si acaso por dar nombre a una calle, y los más preparados recordarán haber leído que fue el introductor del krausismo en España. Pero más que eso, Sanz del Río fue un personaje clave en la cultura y el pensamiento moderno español considerado uno de los promotores intelectuales de la revolución de 1868, de la Institución Libre de Enseñanza, de la modernización de la universidad española y del pensamiento laicista, liberal y racional. Esther Vallejo dijo de él que ha sido «el filósofo español que más ha influido en la vida social y política de España en la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del siglo XX». Sus estudios pedagógicos y filosóficos permitieron romper el anquilosado pensamiento español de la época e introdujeron nuevas ideas en generaciones posteriores que renovaron la educación, la cultura que debía ser tolerante, libre y accesible para todos los ciudadanos, revolucionando de esta forma la sociedad de España. Algunos de sus discípulos como Francisco Giner de los Ríos, cofundó la Institución Libre de Enseñanza en la que aplicó los conocimientos adquiridos de su maestro y formó, entre otros, a Joaquín Costa, Leopoldo Alas “Clarín”, Julián Besteiro, Manuel y Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset y Américo Castro.
Sanz del Río recibió algunos reconocimientos en vida y muchos más tras su fallecimiento. Pero quizá el humilde nombramiento de los que fueron sus vecinos le hiciera más ilusión, y no tanto por venir de los suyos sino porque no dejaba de ser una muestra de que sus ideas, su forma de entender la vida, la cultura y la educación, también se le valoraban con ese sencillo acto en el pequeño pueblo donde nació.

Retrato de Julián Sanz del Río. Autor desconocido.
Nota:  Imagen recogida en el libro de Tomás Pérez Frías "Fotógrafos y fotografías (Soria 1860-1936)", Soria 2013, ediciones de la Excma. Diputación Provincial.

viernes, 10 de enero de 2020

10/01/1594: La Dehesa surge como parque.


La Dehesa de Soria es uno de esos privilegios que podemos disfrutar cada día, apenas sin salir de casa, un fantástico parque de casi diez hectáreas de extensión en el corazón de la ciudad al que podemos considerar un auténtico jardín botánico pues alberga más de setenta especies arbóreas, medio centenar de tipos de arbustos y donde anidan un buen número de aves. Pero es, sobre todo, un lugar de paseo, juego y esparcimiento donde el que más o el que menos habrá robado algún beso o bailado alguna sanjuanera bajo las ramas del Árbol de la Música. Sin embargo, nuestra Dehesa no siempre ha sido un parque. Originalmente fue lo que su nombre indica: una zona boscosa rica en pastos, arbustos así como algún arroyo o manantial en cuyo entorno habría zarzas y chopos aunque predominasen sobre todo especies autóctonas como olmos, fresnos y robles. Con el tiempo y la necesidad de combustible para calentarse, el arbolado desaparecería y la tierra se dedicaría al cultivo pero sobre todo a pastizal.
Algunas noticias nos sugieren que en el siglo XVI, coincidiendo con el traslado del centro de la ciudad de la zona de San Pedro al entorno de la plaza Mayor y el Collado, comenzó a surgir un incipiente urbanismo del que antes no tenemos noticias. Se preocupó ya no tanto por construir edificios sino por hacerlo además embelleciendo la ciudad. Se la dotó de puertas monumentales como la del Postigo, o de zonas de paseo y esparcimiento para los ciudadanos y, como no podía ser de otra forma, el área de expansión natural, por ser más llana y amena, era la zona de la dehesa de San Andrés que poco a poco fue alternando su uso ganadero con el del paseo.
Tal día como hoy de 1594, el concejo de la ciudad acordó dividir la dehesa en dos partes, más o menos a la altura de la ermita de la Soledad, dedicando la superior a usos ganaderos y la inferior al paseo y esparcimiento de los ciudadanos. El concejo dispuso la plantación de álamos, olmos, sauces «y otros que convenga».

Parque de la Dehesa en postal de F. de las Heras hacia 1908, autor desconocido. Col. particular.


jueves, 9 de enero de 2020

09/01/1981: Declaración de Monumento Nacional de la iglesia de San Martín.


Tal día como hoy de 1981, el BOE publicó la declaración de la iglesia de San Martín, en Rejas de San Esteban, como Monumento Artístico, una categoría patrimonial asimilable a lo que hoy es un Bien de Interés Cultural (BIC) y que, por lo que cuentan, salvó al valioso templo de una ruina segura. Gracias a esta protección al año siguiente la iglesia fue restaurada y reparada eliminándole algunos elementos que serían muy prácticos pero que desmejoraban el conjunto.
La villa, que fue declarada en su conjunto BIC algún tiempo después, es uno más de los muchos pueblos sorianos de lo que conocemos como “España vaciada” pero con más patrimonio histórico artístico per cápita que el que pueda haber en Nueva York con todos sus museos. Además de su rico pasado histórico, tiene dos templos románicos: San Ginés y San Martín, ermitas y bodegas que bien reclaman una visita ex profeso a esta población.
La iglesia de San Martín fue parroquia, después ermita, almacén y granero, y recuperó la condición parroquial tras su restauración. Se trata de un característico ejemplo del románico soriano del siglo XII formado por una nave en mampostería que termina en un arco triunfal apuntado, abierto al presbiterio de medio cañón apuntado, con su correspondiente ábside de cascarón, y sencilla portada abierta al lado sur con arcos y arquivoltas de medio punto que se protege por una galería porticada de siete arcos que llevan capiteles muy interesantes.
Guarda en su interior imágenes no menos atractivas, como la talla de Nuestra Señora de La Guía del siglo XII, actualmente retirada para evitar los expolios, y retablos barrocos o pinturas murales de finales del siglo XV.

Lo dicho, mejor que contarlo, la visita a Rejas de San Esteban debe considerarse imprescindible para todo aquel que quiere presumir de conocer el románico soriano.

Cabecera de la iglesia románica de San Martín hacia 1916.
Fotografía de Juan Cabré en su Catálogo inédito sobre la provincia de Soria.


miércoles, 8 de enero de 2020

08/01/1267: Certezas e incertidumbres sobre el Obispado de Soria.


Uno de los inconvenientes de escribir sobre la historia de Soria es que, a menudo, nos encontramos con sucesos mal narrados o directamente inventados, a saber con qué aviesas intenciones, fechas erróneas o contradictorias y que sucedieron cuando sus protagonistas ya habían muerto, o informaciones imposibles de documentar pero que se han repetido historiador a historiador y, muy a menudo, todo junto a la vez. Pero que pese a la dificultad no pierde interés pues dice mucho de los sentimientos de quienes lo escribieron.

Algo así puede pasar con los sucesos de los que hablaremos hoy y que para entenderlos, antes tenemos que introducirnos un poco en ese contexto de mediados del siglo XIII. Por aquel entonces, Soria era una villa importante y con aspiraciones dentro del obispado de Osma pero que crecía a la sombra de El Burgo donde estaba el obispo y su catedral. Aunque Soria era cabecera de una gran comunidad de villa y tierra, tenía muchos caballeros, ostentaba procuradores en Cortes y, quizás, más población que El Burgo. Le faltaba la catedral, el obispo y la categoría de ciudad, unos elementos que, para entendernos, hoy podríamos equiparar a que nos pusieran un Corte Inglés.

Así pues, en este contexto social de “pique” con los de El Burgo que se repetirá durante siglos, algunos historiadores clásicos de Soria nos dicen que estando en Viterbo el papa Clemente IV, tal día como hoy de 1267, allí mismo firmó la bula por la que elevó al grado de Catedral la entonces colegiata de San Pedro y la propia de villa de Soria a ciudad. Hecho que el papa rubricaría a instancias del rey Alfonso VIII que querría manifestar así su favor por los sorianos.
Los obispos de Osma no reconocieron jamás ese documento. Pero es que el texto al que hacen referencia esos historiadores no se conoce y probablemente se trate de un texto más falso que la partida de nacimiento de Retógenes. No se puede probar lo que no existió, pero sí podemos añadir que la documentación de la época seguirá hablando de la villa de Soria durante más de un siglo, aunque quizá la prueba definitiva es que cuando murió el rey Alfonso VIII, Clemente IV era poco más que un chaval que como mucho sería monaguillo.

Vista de la Soria vieja desde el monte de las Ánimas hacia 1988.
Fotografía de A. Arribas.



martes, 7 de enero de 2020

07/01/1684: La Soria del siglo XVII según Tutor y Malo.


El 7 de enero de 1684 y con el imprescindible “nihil obstat” ("nada se interpone en el camino") de dos eclesiásticos, el escribano de la cámara del rey, Antonio de Zupide y Aponte, autorizaba a Pedro Tutor y Malo -sacerdote soriano canónigo en Alcalá de Henares- a poder imprimir su libro en un plazo de diez años, una obra titulada Compendio historial de las dos Numancias,sus grandezas, y trofeos, reducidos a concordia. Y vida y muerte del ínclitoAnacoreta S. Saturio Patrón de la Segunda Numancia. 
No debían ser suficientes aprobaciones pues las virtudes de la obra también fueron certificadas por otras autoridades civiles y eclesiásticas que, finalmente, permitieron su publicación en 1690.

Todos estos hombres sabios elogiaron la obra del soriano como un ejemplo, lo que nos hace suponer que debemos estar ante una soberbia obra histórica de esas que no puede dejar de leer un soriano del siglo XXI y, aunque el largo título de la obra ya ofrece una idea del tostón de obra que escribió, hay que reconocer que nos quedamos cortos. Se trata de un libro de 543 páginas que, en prosa y con pocos versos, aparece dividido en dos partes. 
La primera narra algunos aspectos de la Historia de Soria remontándose a la época del Arca de Noé, los orígenes de España, de sus reyes, la Historia de Numancia y su caída entre otros temas. Pero destaca, sobre todo, por su defensa a ultranza de la ubicación de Numancia en Garray, algo que en aquella época era todavía una leyenda más que una certeza, pues se la seguían disputando otros lugares como Zamora o la propia ciudad de Soria. También nos habla de la historia de los Linajes, de los orígenes e historia de la ciudad de Soria, del fundamento de algunos de sus templos y ermitas, o de la de los Santos Mártires de Garray... No ofrece muchas novedades con respecto a obras previas como las de Martel o Mosquera, a veces se repite y hasta contradice. 
En la segunda parte ofrece una larguísima descripción sobre la implantación del cristianismo en España y tiene la novedad de ser la primera hagiografía del patrón San Saturio, algo que probablemente contribuyó para validar las tesis de los que querían volver a canonizar al santo en el siglo XVIII. Pero, pese a ser el motivo principal de su obra, en conjunto apenas ofrece datos y que cabrían en un par de páginas.

En definitiva, el texto de Tutor y Malo es poco interesante y aún menos fiable pues se deja influir mucho por las leyendas, los mitos y los falsos cronicones con los que elucubra anacrónicas hipótesis como: relacionar a San Saturio con los Santos Mártires de Ágreda, o suponer que el apóstol Santiago predicó en Soria.


Primera página del libro de Tutor y Malo guardado en la Biblioteca Pública de Soria.